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Columnistas

Hacia una política industrial promercado

PAULA ESTÉVEZ WEINSTEIN Subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales

Por: PAULA ESTÉVEZ WEINSTEIN

Publicado: Viernes 26 de junio de 2026 a las 04:00 hrs.

A comienzos de junio, durante el Consejo Ministerial de la OCDE realizado en París, el Secretario General de la organización, Mathias Cormann, abordó una pregunta que hoy está en el centro del debate económico internacional: qué tipo de política industrial necesitan los países para promover el crecimiento, la prosperidad y mercados abiertos.

La conclusión de Cormann fue clara: “La diferencia entre el éxito y el fracaso radica en qué tan bien se diseña una política industrial y, aún más importante, en qué tan bien se implementa”, señaló. Y agregó una idea fundamental: “los mercados que funcionan adecuadamente y un comercio abierto basado en reglas siguen siendo la base más eficaz para el éxito industrial”.

En Chile, el ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, planteó que nuestro país debería repensar una nueva política industrial anclada en las necesidades del siglo XXI, basada en el desarrollo del capital humano y la tecnología para impulsar el crecimiento. Esto es refrendado por la destacada economista de Chicago Nancy Stokey, quien señala que ese salto al desarrollo sólo se logrará cuando habilidades y tecnología crezcan juntas.

“La pregunta relevante, entonces, no es Estado o mercado. La pregunta es cómo el Estado puede contribuir a que los mercados funcionen mejor”.

Estas reflexiones no son casuales. Buena parte de los desafíos que enfrentan las economías modernas -desde la transición energética y el avance tecnológico hasta las tensiones comerciales y la reconfiguración de las cadenas globales de suministro- tienen una dimensión productiva e industrial.

Como economía mediana abierta al mundo, el desarrollo de Chile ha estado históricamente ligado a la integración internacional, la competencia, la inversión y la capacidad de nuestras empresas para insertarse en los mercados globales. Esa apertura ha sido una fuente de crecimiento, modernización y oportunidades, y debe seguir siendo uno de los pilares de nuestra estrategia de desarrollo.

Pero defender una economía abierta no implica permanecer inmóviles frente a un mundo que cambió. En un contexto internacional más complejo, marcado por subsidios, barreras y nuevas distorsiones competitivas, los países deben contar con herramientas modernas para fortalecer sus capacidades y generar mejores condiciones para que el sector privado invierta, innove y compita.

La pregunta relevante, entonces, no es Estado o mercado. La pregunta es cómo el Estado puede contribuir a que los mercados funcionen mejor. Su tarea no es reemplazar la capacidad de descubrimiento e innovación que surge de los mercados, sino generar las condiciones para que esa dinámica se despliegue en plenitud. Esto exige políticas públicas basadas en evidencia, orientadas a resultados y compatibles con la competencia, asegurando que la intervención pública complemente, y no reemplace, la iniciativa privada.

Chile necesita abordar esta discusión con pragmatismo y visión estratégica. Tenemos ventajas competitivas evidentes en sectores vinculados a los minerales críticos, transición energética, la economía digital, los servicios globales, los alimentos y la agregación de valor en nuestras exportaciones. Pero para aprovecharlas no basta con identificar sectores promisorios. Se requiere construir capacidades, mejorar regulaciones, reducir trabas, fortalecer la coordinación institucional y generar certezas para la inversión.

Una política industrial bien entendida es promercado. Esta puede ser una forma de defenderlo, fortalecerlo y proyectarlo en un escenario global más exigente. Su objetivo no debe ser que el Estado elija a los ganadores, sino crear condiciones para que más empresas puedan competir, crecer, innovar y generar valor.

Para Chile, la clave está precisamente ahí: construir una agenda productiva abierta, competitiva y estratégica. Una política industrial en favor del mercado no debilita nuestra tradición de apertura; la prepara para competir en el mundo que viene.

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