El cierre o reformulación de algunos vehículos de corporate venture plantea una pregunta: ¿cómo deben innovar las grandes empresas? ¿La innovación hay que traerla de afuera o puede generarse desde adentro? Sería un error concluir que invertir en startups no funciona, pero también asumir que innovar es solo traer valor desde afuera.
Ninguna empresa posee todo el conocimiento o talento que necesita. Colaborar con startups puede acelerar transformaciones difíciles de abordar internamente, pero el problema aparece cuando esa búsqueda se vuelve la única estrategia. Las compañías deberían preguntarse: ¿Cuántas buenas ideas dejan morir dentro de su organización?
Según la última Encuesta Nacional de Innovación en Empresas, del INE y el Ministerio de Ciencia, solo un 10,7% de las empresas en Chile innovó durante 2021 y 2022. El Índice Mundial de Innovación 2025 de la OMPI ubica al país primero en América Latina, pero apenas en el puesto 51 global: 43 en insumos, pero 63 en resultados.
“Colaborar con startups puede acelerar transformaciones difíciles de abordar internamente, pero el problema aparece cuando esa búsqueda se vuelve la única estrategia”.
Las cifras no permiten atribuir este rezago a una sola causa, pero muestran una dificultad persistente para transformar conocimiento y capacidades en soluciones concretas.
Quienes trabajan en una organización conocen a sus clientes y las oportunidades que el negocio tradicional no atiende. Pero sus ideas quedan atrapadas entre jerarquías, presupuestos, confianza, espacio al error o estilos de gestión. Hace algún tiempo escuché a un CEO que le decía a su equipo: “Necesitamos hacer cosas distintas. Haciendo lo que estamos haciendo hoy, los resultados serán los que tenemos hoy”. Probablemente el mensaje era el correcto, pero para que las ideas lleguen y se ejecuten, será necesario tener a las personas correctas, con la cultura correcta y con los espacios e incentivos correctos.
A eso apunta el intraemprendimiento: actuar con mentalidad emprendedora para desarrollar innovaciones, nuevos negocios o mejoras dentro de una empresa existente, aprovechando sus recursos y soporte. Significa dejar que quienes conocen el negocio desarrollen soluciones con autonomía y reglas distintas a las de la operación habitual. Implica identificar problemas estratégicos, formar equipos pequeños y dejarlos experimentar con etapas de crecimiento, inversión y rentabilidad.
Cada iniciativa necesita el respaldo de un “fundador” o creador interno que remueva obstáculos y acepte que el avance inicial se mide en aprendizaje. Luego pasará por etapas complejas, con dificultades de rentabilidad, pero con la capacidad de adaptarse continuamente para lograr finalmente un negocio sostenible y que genere valor para la compañía.
Buscar innovación solo afuera tiene otro riesgo: adquirir soluciones que después no se saben integrar y que, en algunos casos, pueden destruir valor.
Innovación abierta e intraemprendimiento no son opuestos: uno incorpora capacidades que la organización no posee; el otro aprovecha conocimiento que ya existe. La innovación puede venir de afuera o nacer dentro de la organización. El desafío es reconocerla y crear condiciones para desarrollarla.
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