La nueva derecha latinoamericana
JUAN IGNACIO BRITO Profesor Facultad de Comunicación e investigador del centro Signos, U. Andes.
Una nueva derecha emerge en América Latina. Una que es crítica de los partidos y liderazgos tradicionales del sector y que considera que su misión principal es detener el avance de la izquierda radical. Es polarizadora y no busca contemporizar, sino la ruptura de un orden que, en su opinión, ha permitido el avance cultural y político del progresismo y ha cedido ante el desorden y la violencia.
El colombiano Abelardo de la Espriella representa la última versión de esta nueva derecha, que ya tiene exponentes claros en el salvadoreño Nayib Bukele, los brasileños Jair y Flávio Bolsonaro, el ecuatoriano Daniel Noboa, el hondureño Nasry Asfura, el peruano Rafael López Aliaga, el dominicano Luis Abinader, el panameño José Raúl Mulino, el argentino Javier Milei, los costarricenses Rodrigo Chaves y Laura Fernández, el boliviano Rodrigo Paz y el chileno José Antonio Kast.
Aunque cada uno ascendió en virtud de realidades y oportunidades únicas, resulta posible identificar rasgos comunes entre ellos. Todos enarbolan la restauración de la autoridad como causa política central e identifican tres temas como prioritarios de su agenda política.
El principal es la inseguridad. Con una tasa de 17,6 homicidios por cada cien mil habitantes, América Latina es, por lejos, la región más peligrosa del mundo. Esta realidad ha provocado que los liderazgos que prometen mano dura capten apoyo ciudadano. Varios de los líderes de la nueva derecha regional han puesto el foco en la lucha contra la delincuencia. El caso de Nayib Bukele es el más llamativo, pero está lejos de ser el único: antes de llegar a la presidencia de Panamá, Mulino fue un popular ministro de Seguridad, mientras que el ecuatoriano Noboa puso a su país en estado de conflicto armado interno apenas asumió el cargo.
La inmigración es otro asunto que atrae la atención de los dirigentes de la nueva derecha. Buena parte del respaldo al reelecto mandatario dominicano Abinader se basa en las medidas que ha adoptado para frenar la llegada de haitianos, mientras que una de las primeras medidas del chileno Kast fue cavar una zanja en la frontera norte.
La recuperación económica es el último tema que moviliza a la nueva derecha. Es el caso del argentino Milei y del boliviano Paz, que heredaron condiciones económicas de extrema fragilidad, así como una de las promesas fundamentales de De la Espriella en Colombia. Tal como muchos de sus colegas de la nueva derecha, este propone reducir el déficit, disminuir la regulación, bajar impuestos y relanzar el crecimiento económico como objetivos cruciales de su gestión.
De manera paradójica, la irrupción de la nueva derecha, su discurso populista polarizador y su arrastre electoral constituyen una consecuencia directa de los fracasos del Socialismo del Siglo XXI y la izquierda radical. En Honduras, Ecuador, Argentina, Perú, Chile y Bolivia, por nombrar solo algunos, el auge de la nueva derecha se entiende como una respuesta al colapso de experimentos de izquierda que terminaron mal, provocaron desorden (incluso violencia en algunos casos), generaron riesgos económicos y fueron incapaces de combatir la criminalidad. Así, el predominio actual de la nueva derecha está íntimamente ligado a la manera en que se comportó en el poder buena parte de la izquierda durante las últimas décadas en América Latina. Aunque resulta imposible por ahora saber si la nueva derecha será un ave de paso o si se consolidará como una tendencia duradera, es un fenómeno de alto impacto, digno de estudio y atención.
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