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Columnistas

La economía chilena no está preparada para vivir más años

JOAQUÍN RAMÍREZ DIRECTOR DE WEALTH DE MERCER CHILE

Por: JOAQUÍN RAMÍREZ

Publicado: Viernes 24 de julio de 2026 a las 04:00 hrs.

Chile ya no enfrenta una discusión marginal sobre envejecimiento, sino una transición demográfica que cambia cómo se trabaja, ahorra, cuida y financia la vejez. El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) proyecta que la esperanza de vida al nacer alcanzará 81,8 años en 2026 y, para 2028, los mayores de 65 años superarán a los menores de 15. No es lejana, sino una nueva base estructural para la economía chilena.

El cambio es innegable. En 1995, 10% de la población tenía 60 años o más; 30 años después, en 2025, esa proporción llegó a 20%, y en 16 años crecerá otro 10%.

Chile envejece rápido y, peor aún, lo hace antes de ajustar sus instituciones, mercado laboral y políticas corporativas a esta realidad.

La economía de la longevidad parte de una constatación: vivir más altera todo el ciclo de vida. Si una persona puede pasar veinte o treinta años tras el retiro, ya no basta discutir cuánto recibirá de pensión. Importa cómo financiará esa etapa, si podrá o necesitará seguir trabajando y con qué redes de cuidado contará. Prepararse para una vida más larga no comienza al jubilar, depende de decisiones sobre ahorro, empleo, capacitación y salud tomadas durante toda la vida. No es solo un desafío social, sino un problema de productividad, oferta laboral y sostenibilidad fiscal.

“Chile envejece rápido y, peor aún, lo hace antes de ajustar sus instituciones, mercado laboral y políticas corporativas a esta realidad”.

El mercado laboral chileno actúa como si nada cambiara. La conversación empresarial se concentra en atraer talento joven, reducir rotación y segmentar beneficios por edad. Muy pocas compañías revisan sus políticas de reclutamiento, retención, capacitación y transición al retiro; para profesionales +50 las oportunidades caen drásticamente. Esa pasividad no es neutra, es un error estratégico.

Respondemos a un modelo cada vez menos conocido: estudiar una vez, trabajar continuamente, jubilar a una edad fija y financiar un retiro breve. Pero, la realidad es otra.

Las carreras son más extensas y menos lineales, con reconversión, coresponsabilidades de cuidado y una etapa de desacumulación que exigirá decisiones complejas. El INE proyecta que la proporción de personas en edad de trabajar disminuirá 30% de aquí al 2070.

La respuesta corporativa en Chile es parcial. Las empresas diseñan beneficios para una fuerza laboral que imaginan joven, estable y homogénea, pero habrá carreras más largas, interrupciones, cuidado de dependientes, reconversión y una vejez más extensa. En muchas organizaciones hay obsolescencia temprana: invierten en ingreso, pero no en permanencia; hablan de diversidad, pero excluyen por edad; celebran la experiencia, pero no la gestionan.

Tratar la longevidad solo como un tema de pensiones o salud es un error de diagnóstico. Redefine empleo, beneficios, capacitación, consumo y organización de la vida adulta. Chile no necesita solo vivir más, sino hacerlo con capacidad de decidir, trabajar, ahorrar y cuidar. Eso exige un rediseño que aún no ocurre a la velocidad necesaria. Mientras el mercado administre el presente con supuestos demográficos pasados, el país seguirá llegando tarde a una transformación que ya comenzó.

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