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Columnistas

Los Libertadores: una oportunidad para modernizar la logística terrestre

JORGELINA GALDEANO CEO DE ASUNCIÓN LOGISTIC

Por: JORGELINA GALDEANO

Publicado: Martes 11 de agosto de 2026 a las 04:00 hrs.

El cierre del Paso Los Libertadores ya supera los 20 días y se ha transformado en un dolor de cabeza para la logística terrestre entre Chile y Argentina. Mientras las autoridades reconocen que aún no existe una fecha para su reapertura, crece la incertidumbre para las cadenas de abastecimiento que mueven sectores estratégicos de la actividad económica.

Cada día que el corredor permanece cerrado aumenta la incertidumbre para el comercio exterior. Como referencia, los costos directos por cierre de 48 horas van entre los US$ 300 a US$ 800 por camión, entre estadía, reagendamiento y gestión de alternativas. Cuando implica semanas, el impacto económico se multiplica de manera exponencial.

Y aunque existen rutas alternativas, ninguna reemplaza la capacidad operativa de Los Libertadores. Además, desviar una operación cuando la contingencia ya comenzó implica mayores tiempos, costos y una compleja coordinación logística.

“Necesitamos avanzar hacia una logística moderna más resiliente, con sistemas de alerta temprana coordinados entre autoridades y operadores”.

En la situación actual, se trata de más de 1.500 camiones que permanecen detenidos esperando reanudar su camino. Y el problema no se limita a los transportistas. Los camiones trasladan frutas, lácteos, insumos industriales, repuestos para la minería, productos para el retail, entre otros. Cuando un camión no llega a destino, existe una empresa que no puede terminar una faena, una exportación que pierde competitividad o un consumidor que enfrenta retrasos en la entrega de productos.

A diferencia del transporte marítimo o aéreo, donde gran parte de los procesos son automatizados, la logística terrestre depende en gran medida de la capacidad de reacción coordinadores, conductores, agentes de aduana y operadores, quienes deben tomar decisiones para mitigar los efectos de la contingencia. Ese factor humano, muchas veces invisible, también tiene un costo.

No se cuestiona cerrar el paso. Se entiende que es una decisión responsable para no poner en jaque la seguridad de las personas. Esa siempre debe ser la prioridad. Sin embargo, no estamos frente a un evento inesperado, por lo que se debería tener una planificación permanente.

El nuevo desafío comienza cuando el complejo vuelve a abrir y miles de nuevos camiones intentan cruzar sumados a los que ya están en espera, generando más cuellos de botella.

Existen medidas que pueden reducir el impacto. Trabajar con operadores que mantengan rutas alternativas activas, definir previamente planes de contingencia con los transportistas, disponer de inventarios de seguridad durante los meses de mayor riesgo climático y contar con redes de información en frontera que permitan anticipar un cierre antes de que sea oficial son herramientas que hoy marcan la diferencia entre reaccionar y planificar.

La logística terrestre se ha transformado en un ámbito crítico para el desarrollo económico y las soluciones de corto plazo no están a su altura. Necesitamos avanzar hacia una logística moderna más resiliente, con sistemas de alerta temprana coordinados entre autoridades y operadores, mayor digitalización de los procesos aduaneros, rutas alternativas fortalecidas y una planificación binacional que permita responder de mejor manera a eventos de mal tiempo que sabemos que volverán a ocurrir. Esa discusión no puede esperar hasta el próximo invierno.

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