Sala cuna universal: retroceder nunca, rendirse jamás
RODRIGO MONTERO Decano Facultad de Administración y NegociosUniversidad Autónoma de Chile
Hay dos frases que utilizo en mis cursos de economía – a modo de introducción –, y que resumen de qué se trata al final del día la economía. La primera es la siguiente: “No hay plata”. ¿Qué significa esto? Bueno, que la economía es la ciencia que estudia el problema de la escasez: cómo podemos asignar recursos escasos entre necesidades que son múltiples. Eso significa que debemos priorizar nuestros recursos, asignarlos de la mejor manera posible, pues en algún momento simplemente no habrá más plata. La segunda frase es “Si te comes toda la comida, entonces, hay postre”. Esta es la típica carta que nos jugamos cuando queremos que nuestros hijos se coman la comida. El postre es un incentivo poderoso y, por lo tanto, con éste logramos alinear los incentivos para que así se coman la comida. En efecto, los incentivos son clave.
Es bueno recordar estas dos frases a propósito del proyecto de ley de sala cuna universal. En lo más reciente, el ejecutivo ingresó las indicaciones (sustitutivas) al proyecto de ley. Existe –¡qué duda cabe!– una necesidad imperiosa de avanzar en esta materia, iniciativa que por lo demás cuenta con apoyos transversales. No avanzar hoy no es una opción.
¿El problema? “No hay plata”. En efecto, según el último Informe de Finanzas Públicas, en 2025 el déficit efectivo alcanzó el 2,8% del PIB, mientras que el déficit estructural –déficit cíclicamente ajustado– ascendió a un preocupante 3,7%. Más aún, en el reciente decreto fiscal Hacienda ha informado que la meta del gobierno para 2030 es lograr un déficit estructural de 1,5%. En otras palabras, seguiremos saliendo para atrás, pero menos que hoy. El decreto, por cierto, también reafirmó el objetivo de mantener el techo prudente –ancla– para la deuda bruta en un máximo de 45% del PIB.
“Otro elemento que también debe considerarse en el contexto de esta discusión, es que los costos laborales han venido creciendo fuerte durante los últimos años. Y recuerde: los incentivos son clave”.
Otro elemento que también debe considerarse en el contexto de esta discusión, es que los costos laborales han venido creciendo fuerte durante los últimos años. Y recuerde: los incentivos son clave. De muestra un botón: entre los años 2021 y 2025 el salario mínimo pasó de $ 337 mil hasta los $ 529 mil, lo que representa un incremento de 57% en términos nominales, y de 20% en términos reales. Por cierto, hay otras leyes que también han encarecido el costo de la mano de obra: la Ley de las 40 horas, la Ley Karin, la Ley de Conciliación de la Vida Personal, Familiar y Laboral, y la reforma previsional. ¿Resultado? Hoy tenemos una tasa de desempleo de 9,1% y cerca de 950 desocupados, una tragedia.
Entonces, ¿cómo financiamos este proyecto? Endeudarse no parece un camino razonable pues no hay espacio para más deuda, toda vez que estamos cerca del umbral que hemos definido como límite prudente. Así, la cotización de 0,35% que propone el ejecutivo, y que no tendría efecto en los costos laborales –pues sería compensada con una reducción equivalente en el aporte que actualmente destina el mismo empleador al seguro de cesantía– parece sensata. Por lo demás, en un reciente informe de la Superintendencia de Pensiones se constata que, con esta propuesta, no se compromete la sustentabilidad de largo plazo del Fondo de Cesantía Solidario. Ya veremos qué dicen los honorables, pero recuerden: no hay plata, y los incentivos son clave.
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