Una pregunta que escuchamos en un focus group me sigue dando vueltas: “¿Vvamos todos en la parada?”. Un nombre de 40 años se cuestionaba algo simple: si Chile vuelve a crecer, ¿esta vez también me va a tocar a mí? Creo que quienes estamos en el mundo empresarial tenemos que detenernos en esa pregunta.
Han pasado siete años desde el 18 de octubre. Vivimos una pandemia, dos procesos constitucionales fallidos y dos elecciones presidenciales. En Escuchemos, proyecto de investigación cualitativa de Cadem, hemos acompañado ese recorrido. Son 152 grupos de conversación y 20 observaciones etnográficas, donde hemos podido entender mejor cómo se vive en Chile, en profundidad, con sus matices y tensiones.
Vimos pasar la rabia, la esperanza, el miedo y la frustración. También el optimismo que trae un nuevo gobierno. Hoy aparece la resignación. “Jugamos como nunca, perdimos como siempre”, nos decía un hombre de clase media después de los procesos constitucionales. Había puesto sus esperanzas en que todo ese esfuerzo nos llevaría a un país donde todos viviríamos mejor.
“Cuando mostramos iniciativas empresariales de aporte a la comunidad, las personas las valoran. Pero eso no necesariamente cambia su opinión sobre las empresas”.
Las principales demandas de 2019 siguen sin resolverse: salud, educación, hacer rendir un sueldo que se acaba antes de fin de mes. Siete años después, aún se recuerdan frases de autoridades: “levántense más temprano”, “compren flores”. Aunque no tuvieron esa intención, fueron sentidas como una burla. Quienes tenemos responsabilidades a veces olvidamos cuánto puede doler una frase dicha desde el desconocimiento de la vida del otro.
Pero no todo es igual. El Chile de hoy no es el de 2019. La violencia tiene mucho menos espacio como forma legítima de conseguir cambios. La seguridad se volvió una preocupación central. Y el crecimiento económico es una aspiración compartida (no olvidemos que se habló de decrecimiento). La duda ya no es si el crecimiento es importante. Es si sus beneficios van a llegar a todos.
Esa duda nos toca directamente. Al hablar de trabajo, las personas mencionan el sueldo, pero también el trato de sus jefes, las exigencias, poco espacio para ser escuchados, horarios rígidos, trabajar con miedo al despido, llegar a casa sin energía para sus hijos. Algunos sienten que hacen el trabajo de tres por el sueldo de uno. Otros estudiaron con esfuerzo y no encuentran dónde aportar desde lo aprendido.
Un resultado de Escuchemos me parece especialmente importante. Cuando mostramos iniciativas empresariales de aporte a la comunidad, las personas las valoran. Pero eso no necesariamente cambia su opinión sobre las empresas. Una mujer lo explicó así: “Primero tienes que preocuparte de los tuyos, de los sueldos, la carga… la caridad empieza por casa”.
Es bueno llevar esa frase a nuestras reuniones de directorio y de equipos. ¿Sabemos cómo están viviendo nuestros trabajadores? ¿Conocemos sus preocupaciones? ¿Tienen espacio para decirnos lo que no está funcionando?
Estoy convencida de que nadie mejor que las empresas tiene la capacidad de mejorar la vida de los chilenos. Por eso creo que tenemos una responsabilidad especial en este momento. Ayudar a que Chile vuelva a crecer y también cuidar la relación con quienes trabajan con nosotros. Que la próxima vez que alguno o alguna de las más de 5 millones de personas que día a día trabajan en empresas privadas pregunte si vamos todos en la parada, encuentre la respuesta en su propia vida y en la de sus familias.