La reactivación ante el desafío de la IA
En el IPoM de septiembre, el Banco Central (BC) identifica la automatización de tareas y procesos en las empresas entre los factores que han contribuido al deterioro del empleo. A su vez, la expansión de la inteligencia artificial, incluidos los agentes autónomos, está transformando las funciones de los trabajadores y la organización de las compañías. Estos cambios obligan a mirar más allá de la reactivación económica, pues recuperar el dinamismo de la actividad no bastará para resolver los desajustes laborales. Elevar la productividad mediante tecnología exige adaptar la formación y el desarrollo profesional.
La evidencia presentada por el gerente de la División de Política Monetaria del BC, Elías Albagli, en el CEP, muestra que el empleo chileno está más expuesto a la automatización que el promedio de la OCDE, principalmente por los sectores económicos y las ocupaciones en que se concentra. A lo que se añade la expansión de la inteligencia artificial. Según Albagli, la evidencia sobre sus efectos laborales todavía es preliminar, pero apunta a un impacto en las funciones analíticas de empleos de mayor calificación. A diferencia de otras formas de automatización, la IA puede incorporarse con una inversión relativamente baja y en plazos breves, lo que aumenta la urgencia de preparar a los trabajadores para nuevas funciones.
El análisis también muestra una mayor vulnerabilidad juvenil. Entre 2022 y 2025, los trabajadores en ocupaciones expuestas a la automatización tuvieron una probabilidad 21% menor de mantener un empleo formal que aquellos menos expuestos, diferencia cercana a un 27% entre los menores de treinta años. Aunque son asociaciones estadísticas y no efectos causales demostrados, estos resultados refuerzan la necesidad de anticipar la transición laboral.
Recuperar el crecimiento será necesario, pero también habrá que fortalecer la capacidad de los trabajadores para asumir nuevas funciones.
La conversación en IA Lab de DF entre la experta en IA, María Francisca Yáñez, y la fundadora de The People Future, Denisse Goldfarb, permite comprender las implicancias de este diagnóstico para las empresas. Automatizar tareas no equivale necesariamente a reemplazar cargos completos, pero, si la tecnología asume funciones de quienes inician su carrera, podrían reducirse las posiciones de entrada. El paso de organizaciones piramidales a estructuras de diamante, con una base más estrecha, plantea el desafío sobre cómo los futuros especialistas y directivos adquirirán experiencia, mientras los agentes de IA exigen profesionales con mayores capacidades de supervisar y evaluar resultados
Pero la adaptación requiere más que cursos aislados. El informe Future of Jobs 2025 recoge la expectativa de los empleadores de que el 39% de las habilidades cambiará hacia 2030. Corresponde, entonces, integrar mentorías, proyectos supervisados y movilidad interna a la inversión tecnológica, junto con revisar la pertinencia de la formación técnica y universitaria.
Recuperar el crecimiento será necesario, pero también habrá que fortalecer la capacidad de los trabajadores para asumir nuevas funciones, a medida que la tecnología transforme las tareas y competencias que demandan las empresas. Estas deben incorporar la formación a sus decisiones de inversión tecnológica, de modo que las ganancias de productividad se traduzcan también en oportunidades de desarrollo profesional.