La pista está pesada o súper pesada, elija usted. Las cifras económicas no acompañan: un día es Trump y el pantano en que se metió en Irán, donde lo único positivo es que aprendimos de geografía y geopolítica con el estrecho de Ormuz, y al día siguiente es el inesperado frenazo de la producción minera que tiene al PIB en el subterráneo. Como las desgracias nunca vienen solas, en este año se terminaron de acomodar los efectos de haber encarecido la contratación con el alza del salario mínimo y la caída de las horas trabajadas; ese cóctel, junto a la falta de dinamismo de la economía, tiene al desempleo coqueteando con el doble dígito. Esta semana tuvimos además los primeros escarceos de violencia política en las calles con la marcha de la Confech y la consiguiente agresión a estudiantes de la Universidad Católica. No es trabajo fácil ser del club de los optimistas.
En este ambiente es que se presenta el primer presupuesto del Presidente Kast. Austero como se esperaba, y se requiere, dado el mal estado de las cuentas fiscales. Será cosa de días para que la oposición aguce el ojo y empiece a golpear por el recorte de un programa acá y acullá. Recorte en el presupuesto de cultura: “este Gobierno no valora la cultura”. Recorte en el programa Yo elijo mi PC: “a este Gobierno no le preocupan los estudiantes vulnerables”. Pan comido para que la izquierda trate de insensible al Ejecutivo y con certeza veremos a varios parlamentarios de derecha -usted sabe cuáles son, son siempre los mismos- prestos para sumarse a esas críticas apenas salgan las primeras encuestas. ¿A quién le puede gustar que se corten programas más allá de que estén mal evaluados? Por algo estamos como estamos.
Mar embravecido y por tanto necesidad como nunca de un timón firme y de una tripulación haciendo su trabajo en sintonía. Si en estos primeros seis meses de gobierno se pudieron tolerar los desajustes y patochadas dentro del gabinete, esa cuenta corriente está agotada. No hay espacio para que ministros se hagan los lindos -y menos los choros- con Hacienda ni para la descoordinación permanente entre Cancillería y Defensa. La Moneda está pasando por un momento de debilidad, fundamentalmente por factores que están fuera de su control, por lo que no se le pueden sumar a ese escenario los gustitos de nadie.
Si bien el llamado a apretar los dientes y a la disciplina puede tener alguna utilidad, hay una tarea que es básica e ineludible para que el Gobierno pueda pasar este bache y esperar que mejores vientos lo acompañen en los años que le quedan. Esa tarea es el ejercicio del liderazgo presidencial. Los colaboradores del Presidente tienen que sentir que, si no cumplen su tarea o privilegian el posicionamiento personal por sobre los objetivos comunes, serán sacados del equipo sin dilación. Hasta aquí el Presidente ha sido más bien un espectador de la crujidera en sus equipos, dando muestras de que nadie parece temerle mucho al ejercicio del poder presidencial.
En el cierre de su interpelación en el Congreso el canciller Pérez dio algunas luces de por dónde debiese ir la mano. Porque si bien el diputado Venegas no es el Presidente de la República, José Antonio Kast sí lo es. No estaría de más que el propio Presidente lo tuviese más presente.