Quién hubiese pensado que lo único relevante que quedaría del Kiotazo -que sepultó las precandidaturas presidenciales de unos jovencísimos y ambiciosos Sebastián Piñera y Evelyn Matthei- sería el ejemplo de falta de rencor del exPresidente. Lo que parecía que nunca se olvidaría: el azuzar a un periodista amigo para que apriete a la rival, el espionaje militar, las mentiras y la encerrona finalmente quedaron atrás.
Lo que permaneció fue que Sebastián Piñera dio vuelta la página e incluso nombró como ministra a Matthei en su primer gobierno y volvió a hacer un ofrecimiento similar -si bien éste no se concretó- en los convulsos días post estallido. Pero no sólo fue Piñera quien pudo apartar la inquina; también su familia dejó atrás cualquier cuenta que cobrar y apoyó decidida y entusiastamente a Evelyn en su fallida campaña presidencial reciente.
El ejemplo lo tiene tan cerca que se vuelve inentendible la ruta de la venganza que ha elegido Evelyn con el actual Presidente Kast. La causa de su ira parece estar circunscrita a posteos y videos en redes sociales durante la campaña que ponían en entredicho la salud mental de la entonces candidata. Ella parece convencida de que Kast estaba al tanto de esto. Naturalmente que es una táctica política repudiable y que sería deseable que no ocurriera, pero comparado con lo que se estila hoy en día -y con lo que ella misma hizo años atrás- parece juego de niños.
Una prueba de ello es lo que acaba de ocurrir en las midterms estadounidenses. Al electo senador demócrata por Michigan, el médico musulmán Abdul El-Sayed ,le dijeron e hicieron de todo en la campaña. Y no un grupo de bots de tuiter -sorry Elon, siempre será tuiter- sino Trump y JD Vance, la maquinaria del poder de verdad. Yihadista, comunista, malvado, que odiaba a los judíos y a los negros, que tendría que entrar al Senado con detector de metales, que lideraría manifestantes para quemar Detroit… fueron sólo algunos de los agravios que recibió El-Sayed durante semanas. A los cuales siempre contestó articuladamente y con encomiable humor.
Pero el humor no es el camino de Evelyn. Tampoco ha buscado aportar desde una posición crítica, lo que sería no sólo legítimo, sino que muy bienvenido. Ha decidido golpear al Gobierno cada vez que puede y sobre seguro. Si el Gobierno tiene cualquier problema -y vaya que los ha tenido- es cosa de sentarse a esperar pues a los dos o tres días aparecerá Matthei criticando duramente una vez que determinó hacia dónde soplaba el viento. El episodio Rabat retrata de cuerpo entero su actual actitud: en una misma frase dice que no hay mérito jurídico para una acusación constitucional, pero que ella la aprobaría. Más nublada por la rabia no se puede estar.
Es cierto que cada uno hace lo que quiere, pero cuando has liderado encuestas y a tu sector durante meses y, producto de una campaña horrible en todos sus aspectos, terminas en un bochornoso quinto lugar no te representas sólo a ti misma. Hay mucha gente que la apoyó durante años y que simplemente no puede creer en lo que ha derivado todo esto. Nunca es tarde para echar mano al filósofo Ron Damón y su máxima: la venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena.