Finalmente, después de semanas de especulación y polémica, el proyecto de presupuestos para el año 2027, el primero del Presidente José Antonio Kast, inició este martes su tramitación en el Congreso. Y el mensaje presidencial que acompaña la iniciativa asevera que “eI Presupuesto es responsable fiscalmente. La responsabilidad fiscal exige que cada decisión de gasto cuente con un financiamiento sostenible en el tiempo”, lo que responde a las expectativas del oficialismo en esta materia, pero plantea algunas interrogantes como si la expansión de 1,5% se corresponde con la aspiración de responsabilidad fiscal a la que aspira el Ejecutivo o si definitivamente es de 1,5%.
Mucho antes del ingreso del proyecto, parlamentarios oficialistas y representantes del propio Ejecutivo manifestaron su convicción de que, para cumplir con el objetivo de la regla fiscal, el presupuesto para 2027 debía ser inferior a 1,0% e incluso cercano a cero.
Bajo el supuesto de que el crecimiento es de 1,5%, desde el punto de vista de los expertos esta es una cifra adecuada. Responde a “un crecimiento apropiado, prudente, que permite consolidar el ajuste fiscal realizado por la vía administrativa durante este año y, por otro, impulsar la alicaída actividad económica, según señala el decano de Economía, Negocios y Gobierno de la USS y exsubsecretario de Hacienda, Alejandro Weber; algo en lo que coincide el decano de la Facultad de Administración y Negocios de la Universidad Autónoma, Rodrigo Montero, para quien el presupuesto “crece en línea con lo que se requiere para lograr el cumplimiento de las metas fiscales que se ha trazado el gobierno”, aunque advierte que “la gran pregunta que queda pendiente es si esta es la expansión del gasto público que la economía requiere para levantar el vuelo”.
“El 1,5% no rompe la disciplina fiscal, pero obliga al gobierno hacer muchísimo más preciso en dónde gasta y en cómo financia ese gasto”, concluye el director del Departamento de Estudios Políticos de la Usach, Marcelo Mella, quien estima que “la apuesta es que ese mayor gasto pueda compensarse con reasignaciones, eliminación de programas poco eficientes y una mejor ejecución de los ingresos”.
Alinear al oficialismo
Adicionalmente, por ser el primero del Presidente José Antonio Kast, el Presupuesto 2027 ha generado altas expectativas; entonces, qué se juega esta administración con su propuesta. Weber destaca algunos elementos que le parecen clave, como institucionalizar el ajuste fiscal, “que ha sido muy efectivo este año y que, junto con el mejoramiento de los parámetros estructurales, le han dado algo de holgura al gobierno para inyectar más recursos en el presupuesto 2027 como un nuevo impulso para la reactivación”.
Por otra parte, y no es menor dada la tensión que está generando el inicio del debate, “veremos la capacidad del gobierno para alinear a sus parlamentarios y concitar acuerdos: si los presupuestos de salud o seguridad suben algo tiene que bajar. Hacer recortes siempre es difícil, pero acá se jugarán las convicciones del Ejecutivo”, plantea Weber. Y, finalmente, según el exsubsecretario de Hacienda, el gobierno “se juega la promesa reactivadora, debe diseñarse un gasto de capital (inversión pública y transferencias) que debe ejecutarse al 100% desde el minuto uno, eso exige buena gestión pública, coordinación entre ministerios y control de gestión acucioso”.
Para el director del Departamento de Estudios Políticos de la Usach, el gobierno se estaría jugando una “parte importante de su credibilidad económico-política, siendo capaz de demostrar que puede ordenar las cuentas fiscales sin frenar la economía; financiar sus prioridades de seguridad pública y empleo y, simultáneamente, mantener cohesionada a su propia coalición durante esta negociación que, evidentemente será un proceso complejo”
Además de eso, agrega Mella, tiene un importante desafío “en términos de ser capaz de controlar el relato de ajuste, si logra instalar que se están reasignando recursos desde programas ineficientes hacia prioridades urgentes”, asegura. Pero advierte que “si, en cambio, predomina la percepción de que los recortes sociales son sólo una expresión ideológica del gobierno, sin una justificación en términos de eficiencia, aumentarán los costos políticos” para la administración del Presidente Kast. En definitiva, dice el académico, “será esta la primera prueba concreta de si el gobierno puede transformar su relato de austeridad, crecimiento y seguridad, en una política fiscal que sea políticamente sostenible en el tiempo”.
Desde el punto de vista de Rodrigo Montero, el que acaba de ingresar esta semana al Congreso es un presupuesto complejo para un año desafiante; una economía que no logra levantar el vuelo, con gasto fiscal que ha crecido más que lo prudente durante muchos años; y, en donde nos hemos acostumbrado a tener déficit. “Eso no es sostenible”, enfatiza. De ahí que “lo que se juega el gobierno en este presupuesto es, primero, la credibilidad de la capacidad para cumplir sus compromisos; y, segundo, la capacidad para hacer un gasto eficiente, en un contexto en donde debe apoyar la reactivación. Y para ello el impulso que reciba la inversión pública será vital”, subrayó.