Guillermo Tagle

Reconocer errores fortaleceH

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Por: Guillermo Tagle | Publicado: Viernes 10 de julio de 2015 a las 04:00 hrs.
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En los últimos meses, hemos visto cómo frente a numerosos casos de errores de diversa índole, los afectados prefieren eludir la responsabilidad, no reconocer los hechos, llegando incluso a faltar a la verdad, con el fin de evitar reconocer que algo se hizo mal. Mucho más grave que cometer un error, es no ser capaz de reconocerlo.

El desarrollo cultural y social que se ha producido en Chile, deja de manifiesto que tenemos una ciudadanía mucho mejor educada en cuanto a sus derechos. En tiempos en que la transparencia se ha convertido en un requisito básico para el buen funcionamiento de la sociedad, eludir la responsabilidad de los errores es inconducente, debilita y aumenta la desconfianza de la ciudadanía en sus líderes y dirigentes. Por el contrario, reconocer que algo fue mal hecho, que algo fue un error es señal de fortaleza, generosidad y templanza. Esto que es válido en el contexto de los valores personales e individuales, es también válido en el nivel de las instituciones y sus autoridades.

Hay materias concretas en que estamos sufriendo las consecuencias de no querer reconocer errores, que están afectando y podrían afectar por muchos años la capacidad de seguir siendo un país que crece por sobre los promedios, que mejora su productividad, donde la calidad de vida de sus habitantes mantiene un ritmo de progreso destacado y que demuestra su liderazgo dejando huellas que otros países de la región puedan seguir. En lo marginal y anecdótico, tener a la mayoría de los estudiantes de Chile llegando oscuro a sus establecimientos escolares y también a buena parte del territorio sin ver el sol hasta cerca de las 9:00 am, es un caso.

La Reforma Tributaria es otro caso actualmente en disputa. Para implementar los cambios y reformas que permitieran construir una sociedad con menor desigualdad, era necesario subir los impuestos; pocos o casi nadie estaba en posición de rechazar u oponerse a esta necesidad. Pero hacerlo con una reforma estructural al sistema que perjudica en forma directa la productividad y competitividad de nuestra economía, ha sido un error relevante. Reconocerlo, abordar el tema y buscar la manera de corregir las incertidumbres y complicaciones que ha generado la nueva Ley de la Renta, sería una señal de virtud que fortalecería el liderazgo y la confianza en nuestras autoridades.

Haber complicado el sistema, generando mecanismos alternativos de tributación, distintos gravámenes según el régimen de tributación elegido, incremento significativo de la incertidumbre regulatoria por la cantidad de materias que requieren aclaración normativa para resolver su forma de implementación, ha sido un golpe duro para la eficiencia y productividad de la economía. La industria de asesores y prestadores de servicios tributarios está en auge. Es probablemente, después del sector público, la actividad que más requerimientos de profesionales calificados ha tenido este año. Cualquier profesional emprendedor que genere ingresos de más de una fuente, no podrá vivir sin el costo de contratar servicios profesionales que le permitan saber cuánto y porqué conceptos debe pagar impuestos. La mantención de la Ley en su estado actual generará un crecimiento permanente en el nivel de gastos administrativos y de servicios contables, que deberá incurrir cualquier entidad que genere rentas. También habrá un incremento relevante en los costos legales, para poder defender cualquier causa que los contribuyentes puedan tener, por discrepancias de criterio con el Servicio respecto de los montos que corresponda pagar. No se trata de volver a discutir respecto del nivel de impuestos, se trata de reconocer que en la reforma aprobada el año pasado, hubo un impacto negativo muy relevante a la productividad y al potencial de crecimiento que podremos alcanzar.

Un sistema tributario simple y claro, con una tasa de impuesto corporativo ojalá similar a la tasa de impuesto a las personas, con sólo un régimen de tributación (no más de uno, a elección del contribuyente), que no requiriese de muchas circulares para interpretar el “área chica” de la Ley, es una necesidad básica si queremos mantener “la ilusión” de alcanzar el desarrollo en esta generación. Reconocer un error y corregirlo, no es una debilidad.

Efectivamente puede que en el corto plazo, los adversarios políticos podrán usarlo en contra de las autoridades actuales. Pero dejar el tema tal como está, será como haber puesto un salvavidas de plomo, condenando a nuestra economía y a las futuras generaciones, a vivir en un mundo de estancamiento y burocracia, muy lejano del sueño de agilidad, libertad y modernidad en el que nos empezábamos a acostumbrar a vivir.

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