Padre Hugo Tagle

Adviento

Padre Hugo Tagle En twitter: @hugotagle

Por: Padre Hugo Tagle | Publicado: Lunes 23 de noviembre de 2020 a las 09:24 hrs.
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El próximo domingo, último de noviembre, el mundo cristiano comienza la preparación inmediata al nacimiento de Jesús. La verdad, lo hacemos desde el 25 de marzo, día de la Anunciación, pero lo hacemos más conscientemente a partir de esta fecha, en que cambian los colores de la liturgia, el tono y lecturas. Se invita a preparar el alma, nuestras familias, para el nacimiento de Cristo.

La Navidad pertenece al mundo. No hay rincón del planeta que no celebre esta fecha. Muchos tendrán una noción vaga de su origen, o buscarán privarla de su sentido original, pero finalmente celebrarán aspectos que le pertenecen: amor, paz, unidad, sencillez, familia. Todos, valores que brotan del pesebre de Belén. Sin Jesús, no hay navidad. Es el centro, sentido, motivo y destino de lo que celebramos. Pero, a su vez, abierta a la humanidad, como recuerdo de un Dios que acompaña, se abaja para salir al encuentro del hombre. Un niño no espanta. Acoge, invita, calma.

Viviremos una Navidad muy diferente. Seguro con enclaustramientos y grupos reducidos. Así y todo, ¡que no nos roben la Navidad! Es tiempo de celebrar, pedir y agradecer. Celebrar la vida, que hoy valoramos más. Hemos experimentado cuán frágil es la naturaleza humana; que no tenemos el timón de la barca; que, al final, hay que confiar en quien dirige misteriosa y bondadosamente la historia.

La vida es petición. Desde el fondo del alma, será oportunidad para dirigir una mirada al Creador en este tiempo de incertidumbres.

Es tiempo de espera. Dice el Papa Francisco: "La espera de Jesús que viene debe traducirse en un compromiso de vigilancia". Vigilancia que significa "estar atentos a nuestro prójimo en dificultad, a dejarnos interpelar por sus necesidades, sin esperar que él o ella nos pida ayuda, sino aprendiendo a prevenir, a anticipar, como Dios siempre hace con nosotros".

Es tiempo de tender una mano a quienes lo necesitan. Y hacerlo con tiempo. La pandemia ha dejado en evidencia las falencias y debilidades sociales, pobreza y miseria, soledad y abandono. Quien celebra la Navidad no puede quedar indiferente frente al dolor provocado por esta peste. Viviremos el verdadero espíritu navideño si sabemos compartir, solidarizar, empatizar con el dolor, la soledad, angustia de otros.

El Adviento es tiempo de aguzar los sentidos, salir de sí mismo y mirar alrededor para reconocer al Dios que viene; en los pobres, niños, ancianos, solos. Desde ya vaya pensado con quien, fuera de su círculo familiar, puede compartir una alegría generosa y gratuitamente. No falta a quien tenderle la mano.

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