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Trump: un póker peligroso

Osvaldo Rosales ExDirector División de Comercio Internacional de CEPAL

Por: Osvaldo Rosales | Publicado: Martes 13 de marzo de 2018 a las 04:00 hrs.
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Osvaldo Rosales

En enero, Donald Trump estableció salvaguardias sobre lavadoras (20%) y sobre paneles solares (30%), afectando las exportaciones de México, Corea del Sur y de China. Ahora, invocando “razones de seguridad nacional”, establece aranceles de 30% a las importaciones de acero y de 10% a las de aluminio, afectando especialmente a la UE y excluyendo a Canadá y a México, mientras dure la renegociación del Nafta.

La guinda de la torta fue la frase con que adornó esta medida: “Las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”. Esta es la principal amenaza en la economía mundial: la posibilidad de una guerra comercial que frene la actual recuperación, sincronizada por primera vez desde el 2010. La economía mundial crecería 4% y el comercio lo haría en 5% y, por segundo año consecutivo, se retomaría la tendencia de un comercio mundial creciendo más que el producto.

El proteccionismo de Trump puede desencadenar dicha guerra comercial y debilitar la recuperación. Japón, Corea del Sur y Europa, de no ser exentos de la medida, irían a la OMC y probablemente replicarían con medidas de retaliación contra Estados Unidos. China, lo mismo. En una amenaza previa en 2017, China ya anunció que podría retaliar a Boeing, los iPhones de Apple, el trigo y la soja. En Europa, los principales afectados serían Alemania, Países Bajos, Italia y España.

Internamente en Estados Unidos el debate es intenso. Ya renunció el jefe del Consejo de Asesores Económicos. Los principales líderes republicanos han repudiado la medida, partiendo por Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes e incluyendo una carta abierta de 106 destacados legisladores. Las principales agrupaciones empresariales (Business Roundtable, National Foreign Trade Council) también la han cuestionado, tanto por su carácter global como por ser una incitación a la retaliación contra productos norteamericanos.

Siendo el argumento “la seguridad nacional”, se trata de un caso difícil de abordar por la OMC y, por tanto, un buen pretexto para que los países afectados recurran al mismo argumento. Eso es lo que temen las asociaciones del trigo, la soja, aire acondicionado, calefacción y refrigeración, química, maquinarias, automotriz, entre las principales.

El argumento de la protección del empleo no resiste el test académico. La siderurgia emplea 385 mil personas en EEUU pero las empresas que consumen acero generan 6,5 millones de empleos. Con un arancel prohibitivo, los costos de estas empresas aumentarán, los consumidores serán más pobres, estas empresas serán menos competitivas y habrá despidos. Proteger así el empleo en acero y aluminio afectará el empleo en la industria automotriz, maquinarias y bienes de capital, retail, construcción, energía, entre otras.

Trump usa un póker peligroso para modificar el Nafta; para presionar a China en comercio de servicios, en compras públicas y en propiedad intelectual y para inducir un mayor compromiso financiero de la UE con la OTAN. En el caso de China, el riesgo es mayor.

China no es el Japón de la época Reagan cuando se lo sometió al Acuerdo del Plaza, se forzó el alza del yen y se establecieron las “restricciones voluntarias” en las exportaciones de autos japoneses. China es de lejos el primer mercado mundial en automóviles, laptops, celulares y otros rubros tecnológicos destacados. Su poder de negociación frente a las transnacionales no debiera ser subestimado. General Motors anualmente vende 3 millones de vehículos en EEUU y 4 millones en China.

EEUU abandona el carril multilateral y opta por el unilateralismo; debilita a la OMC y apela a argumentos mercantilistas de los siglos XVI y XVII, midiendo el éxito económico de los países por el saldo comercial. Lo hace además afectando a sus principales aliados, enlazando comercio con seguridad y temas militares y en un momento de gran debilidad de las instituciones democráticas en occidente, con resurgimiento de populismos y de ultraderecha xenófoba. Más allá del comercio y la economía, es un juego muy peligroso para la propia democracia.

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