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Editorial

Nuevo gabinete para una nueva etapa

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l cambio de gabinete que realizó el Presidente Piñera ayer no fue el giro radical que esperaban algunos opositores, pero sí fue un ajuste profundo, en que no sólo cambiaron ocho de los 24 ministros, sino que se renovaron las carteras políticas y económicas clave: Interior, Segegob, Segpres, Hacienda, Economía y Trabajo.

En lo inmediato, la tarea del nuevo gabinete será centrar su acción en impulsar la agenda social anunciada por el Presidente la semana pasada para enfrentar las recientes movilizaciones masivas y sus demandas. El gran desafío, sin embargo, será compatibilizar ese trabajo con impulsar una agenda de reformas que, junto con abordar problemas de fondo —en impuestos, pensiones y trabajo, entre otros—, no abandone la perspectiva de largo plazo en aras de aplacar la presión de la calle.

Aunque el oficialismo lo celebró y la oposición lo estimó en términos generales insuficiente, las reacciones de ayer daban a entender cierta disposición a no prejuzgar al nuevo gabinete y a darle alguna medida de espacio para que realice su trabajo. Sólo un sector minoritario de la oposición mantuvo su rechazo a un enfoque gradualista en favor de “cambio de modelo”, e incluso anuncian acusaciones constitucionales contra el Presidente y el ahora ex ministro de Interior. Ello no sólo tiene pocas probabilidades de éxito, sino que denota un extraviado sentido de las prioridades en el complejo escenario que vive el país.

Ayer, este editorial decía que la actual es la hora de la política y los políticos. Ello debe ser entendido como una oportunidad por todos los sectores: la de demostrar a la ciudadanía que su descontento con la clase dirigente ha sido escuchado y provocará cambios para mejor en la manera en que se tratan los asuntos públicos. Esto atañe en primer lugar al gobierno y su coalición, pero también a una oposición que en materias importantes se ha mostrado más obstruccionista que constructiva. Los chilenos que siguen manifestándose en las calles sin duda reducen el margen tolerable de error.

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