Resiliencia financiera ante desastres naturales
Señor Director:
Según el catastro de la consultora Colliers dado a conocer esta semana, los daños provocados por el sistema frontal ya bordean los US$ 400 millones (una estimación preliminar que ha seguido en aumento a medida que avanza la emergencia). Una cifra que muestra que los efectos de estas emergencias no terminan cuando deja de llover, después viene el desafío de reparar viviendas, recuperar infraestructura y restablecer la actividad de familias y empresas.
A ello se suma otra vulnerabilidad, gran parte de la infraestructura pública esencial del país —establecimientos de salud, educación y otros servicios públicos, avaluada en más de US$ 6.500 millones (Itrend, 2022)— no cuenta con recursos propios para reparaciones o restablecimientos. Por lo tanto, cuando uno de esos activos resulta dañado, se depende directamente de los recursos fiscales disponibles.
El aumento de emergencias por temas de la naturaleza en los últimos años demuestra que no basta con prepararse para responder mientras ocurre la catástrofe, también es necesario anticipar cómo se financiará la recuperación. Lo anterior, implica no solo invertir en prevención e infraestructura resiliente, sino que también tener fondos de emergencia, líneas de financiamiento contingente y seguros que distribuyan parte de los costos antes de la catástrofe.
Ninguna de estas herramientas evita los daños, ni reemplaza la responsabilidad del Estado, pero permiten que la recuperación comience antes, con menos presión sobre familias, empresas y finanzas públicas. Anticipar es también proteger la capacidad del país para recuperarse.
MARCELO MOSSO
DIRECTOR EJECUTIVOASOCIACIÓN DE ASEGURADORES DE CHILE
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