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Columnistas

Contratar ya no basta, el talento también elige

ORNELLA BONO DIRECTORA Y FUNDADORA DE HUMANITAS

Por: ORNELLA BONO

Publicado: Viernes 7 de agosto de 2026 a las 04:00 hrs.

Durante años la regla fue simple, la empresa ofrecía un puesto de trabajo y el postulante decidía si lo tomaba.

Hoy contratar no es ofrecer un cargo, es un acuerdo entre dos jugadores, donde la organización atrae y el/la candidato/a también entrevista, evalúa y descarta. La empresa ya no sólo ofrece trabajo sino que debe competir para encontrar talentos críticos.

Hace poco un profesional muy calificado rechazó una oferta impecable: buen rol, marca reconocida, condiciones atractivas. No fue por renta. Fue porque el proyecto no lo convencía y el liderazgo no le generaba confianza. Ese rechazo no es anécdota. Es el síntoma de un mercado donde el poder se repartió entre quien ofrece y quien elige.

“Contratar dejó de ser llenar un puesto. Es invitar a alguien a un desafío que compite con otras alternativas”.

El candidato ya no se pregunta solo “¿me elegirán?”. Se pregunta también “¿vale la pena apostar mi energía, mi reputación y mi tiempo a este proyecto?”. Para responderla, entrevista al entrevistador. Pide más información, estudia el contexto, revisa el mandato real del cargo, la calidad del equipo directivo y si existen los recursos para cumplir lo que se promete.

Gallup lo confirma con números. Según un estudio con Stand Together publicado en junio de 2026, los empleados con alto sentido de propósito tienen 5,6 veces más probabilidad de estar comprometidos que quienes declaran bajo propósito. Solo 41% de los primeros busca otro empleo activamente, cifra que sube a 68% entre los de bajo propósito.

Compartir un propósito moviliza, pero el compromiso se fortalece cuando las personas disfrutan lo que hacen. Ello supone contar con oportunidades para alcanzar logros concretos, generar impacto y sentir que el trabajo contribuye tanto al desarrollo de la organización como al propio crecimiento. Las organizaciones, eso sí, también tienen un rol mayor. Hoy no basta con pagar un sueldo, existe un salario emocional que se construye con oportunidades reales de logro, en un entorno competitivo que considera flexibilidad, una cultura de trabajo y un clima acorde con las necesidades actuales.

Para las empresas esto cambia el juego, ya no es suficiente con ofrecer una vacante ni apoyarse en el prestigio de la marca: la propuesta debe ser creíble y eso obliga a mirar hacia adentro, a la coherencia entre lo que se declara públicamente y lo que efectivamente se ofrece a quien llega.

Contratar dejó de ser llenar un puesto. Es invitar a alguien a un desafío que compite con otras alternativas, otros proyectos y muchas veces, con la opción de no moverse. Dar trabajo nunca fue un favor. Es una relación que solo funciona si es ganar-ganar para ambas partes, incluido el respeto mutuo y los niveles de autonomía definidos. Las organizaciones que comprendan esta nueva lógica no solo atraerán mejor talento, sino que también serán capaces de generar vínculos más sólidos y sostenibles. Este cambio refleja una nueva forma de entender el vínculo entre empresas y personas, y será uno de los principales desafíos para quienes aspiran a liderar organizaciones exitosas en el largo plazo.

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