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Columnistas

Desempleo en Chile: cómo pasar de proteger a reactivar

ANDRÉS SANSONE economista jefe de Banco Santander

Por: Andrés Sansone

Publicado: Viernes 16 de octubre de 2026 a las 04:04 hrs.

El desempleo en Chile llegó a 9,6% entre junio y agosto, un punto más que hace un año. Son casi un millón de personas buscando trabajo sin encontrarlo. Atrás de estas cifras hay tanto elementos cíclicos como más persistentes.

En el corto plazo, la debilidad reciente en la actividad está llegando al mercado laboral. Descontando los efectos estacionales, el desempleo subió a 9,4% y se perdieron cerca de 12 mil puestos de trabajo en un mes (luego de haberse perdido 49 mil el mes previo) y acá retrocedieron tanto asalariados como independientes. No se trata solo de un cambio de composición, sino de una menor demanda de trabajo. Además, el empleo asalariado formal cayó 2,9% en 12 meses.

Pero hay una parte del desempleo que no desaparecerá solo con el ciclo. El Banco Central estima que la tasa compatible con una inflación estable se ubica entre 8,2% y 8,8%. A comienzos de la década pasada, el desempleo rondaba entre 6% y 7%. Además, desde la pandemia, la economía genera menos empleo por cada punto de actividad.

“¿Qué se necesita para reducir el desempleo? Crecer más y con mayor productividad. Es el crecimiento lo que genera más demanda de trabajo y permite tener una oferta de calidad”.

Entre los factores persistentes, el Banco Central destaca los mayores costos de contratación y la automatización. Entre 2022 y 2026 el salario mínimo ha aumentado 22% en términos reales. A ello se suman la reducción de la jornada y mayores cotizaciones a cargo del empleador. Por su parte, la tecnología permite que algunas empresas crezcan sin aumentar su dotación. Ambos fenómenos pueden reforzarse; cuando contratar se encarece, automatizar se vuelve más atractivo.

¿Qué se necesita para reducir el desempleo? Crecer más y con mayor productividad. Es el crecimiento lo que genera más demanda de trabajo y permite tener una oferta de calidad. Pero mientras se materializa ese mayor desarrollo hay que abordar la situación.

Una alternativa es explorar el uso del Fondo de Cesantía Solidario, que tiene aproximadamente US$ 4 mil millones y está construido en base a los aportes del Estado y las empresas, y que hoy sirve para cubrir a quien ya perdió su trabajo. No obstante, propongo darle un segundo uso: que cuando el desempleo supere cierto umbral, se active automáticamente un subsidio a la contratación financiado con parte del fondo. La idea es que, si un cesante que recibe beneficios encuentra trabajo, parte de lo que el fondo le iba a pagar se transforme en un apoyo para la empresa que lo contrata. En ese caso el fondo no pierde y la persona vuelve antes a trabajar. Además, serviría para apoyar a los que están buscando trabajo por primera vez o salieron hace mucho tiempo del mercado laboral y quieren reinsertarse.

Es la misma lógica del subsidio Contrata de 2020, pero financiado con un fondo que ya existe y que fue creado para enfrentar el desempleo. El diseño tendría que limitarse a contrataciones que aumenten la dotación, impedir despidos para recontratar con subsidio y establecer un techo de uso que resguarde la sostenibilidad del fondo.

No se trata de reemplazar la protección al que perdió su trabajo y no tiene ingresos. El argumento es favorecer que las personas vuelvan a trabajar, sobre todo por el riesgo de pérdida de capital humano y el cansancio de buscar empleo. Lo anterior sin perder de vista que no habrá una recuperación sostenida del empleo hasta que no vuelva a crecer la inversión, las ventas y la economía y haya una mejora en la formación y educación de la actual y futura fuerza de trabajo.

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