Columnistas

Desigualdad, empresarios y radicalismos

Nicolás León DIRECTOR EJECUTIVO DE IDEAPAÍS

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La semana pasada estuvo en Chile el presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz, el cardenal ghanés Peter Turkson, a quien pude escuchar en un desayuno organizado por la Unión Social de Empresarios Cristianos (USEC).

Sin duda, la venida de esta autoridad eclesial cae como anillo al dedo en un momento donde el país vive un proceso de reflexión y donde la confianza en la empresa privada baja cada vez más, llegando a no más del 12%, según la última encuesta CEP.

La reflexión que nos presentó el cardenal, estaba enmarcada en la presentación del documento "La vocación de un líder empresarial", publicado por este Consejo, que siendo coherente con las enseñanzas sociales de la Iglesia, ratifica lo dicho por el Papa en su última Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, entregando algunas sugerencias prácticas inherentes a la real vocación del empresario.

En la mencionada Exhortación el Papa se refiere más de diez veces a la desigualdad como un problema social, insistiendo que en muchas ocasiones es ésta la que engendra violencia, exclusión y descarte. En el fondo, la preocupación tiene que ver con que la desigualdad genera la sensación de no pertenencia a la comunidad política y, atenta contra la cohesión social: generando divisiones y fragmentación de sus miembros, lo que termina por impactar en la convivencia y el desarrollo integral de la sociedad.

Cuando se habla de desigualdad no se alude a aquellas desigualdades naturales, porque éstas en sí mismas no son injustas y por consiguiente a nadie, que no sea envidioso, le generan rechazo. Si no, serían muchos los que alegarían en contra del talento de Alexis Sánchez. En cambio cuando decimos desigualdad, sí nos referimos a aquellas diferencias de acceso a bienes materiales y espirituales básicos como la salud o la educación, las áreas verdes, el empleo, la seguridad, la vivienda, o incluso las diferencias en la posibilidad de influir en las decisiones públicas, etc.

La discusión sobre la desigualdad considera necesariamente ciertas concepciones y principios de justicia que sobrepasan la dimensión de lo técnico, por lo que es importante que todos aquellos que pretendan intervenir en este debate incluyan dentro de sus reflexiones, dando razones, cuáles son los criterios de justicia que avalan su actuar.

Es importante precisar que en ningún caso esto significa que el Estado deba asumir la completa responsabilidad del problema. El llamado es a que el empresario se cuestione cuál es el verdadero fin de su actividad y luego de eso, por qué no, hacer una revisión en la empresa de, por ejemplo; las políticas salariales, políticas de promoción interna, instancias de diálogo con la comunidad, la relación con sus sindicatos, etc. 

De no entender la desigualdad injusta como un problema y no reconocer el verdadero rol del empresario estaremos, quizás sin querer, dando espacio para que los radicalismos de izquierda con sus aventuras estatistas entreguen soluciones que por seguro tampoco entenderán y valoraran el papel que juega la empresa en la sociedad.

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