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El que busca, encuentra

JOAQUÍN BARAÑAO PIVOTES

Por: JOAQUÍN BARAÑAO

Publicado: Jueves 15 de octubre de 2026 a las 04:00 hrs.

¿Qué tienen en común la generación solar, la eólica y la electromovilidad? Al menos dos atributos. El primero, el obvio, un rol estructural en la descontaminación atmosférica local y en la descarbonización. Del segundo se habla mucho menos: son voraces usuarias de metal. Cualquier atisbo de esperanza climática requiere que seamos capaces de suplir esa tripleta con volúmenes monumentales de, entre otros, cobre. Un MW eólico requiere unos 700 kg, un MW solar 5.500, y un auto eléctrico del orden de 70, más del triple que uno tradicional.

El problema es que el suministro no parece capaz de seguirle el ritmo a la demanda, turbo-acelerada por la IA, la tripleta antes mencionada y la electrificación en general. S&P proyecta para 2040 una demanda 52% superior a la oferta actual. Si bien no creo en la capacidad humana de proyectar a 14 años, al menos sabemos grosso modo para donde va la micro, y ni el más optimista de los geólogos garantizará que encontraremos tanto filete aún no descubierto. Salvo un milagro tecnológico, esa brecha implicará necesariamente ralentizar la descontaminación atmosférica y la descarbonización en relación con un escenario de abundancia.

“A lo menos que podemos aspirar es a buscar con ambición, nadie puede asegurar que no queden yacimientos por descubrir”.

Chile, como todo escolar de por aquí sabe, sacó el cartón premiado en este bingo geológico. Somos primeros en producción (aunque de participación decreciente) y en reservas. En esta pelea específica sí ladramos, y lo que aquí ocurre tiene impacto global. Pero las últimas noticias han sido malas -la economía no levanta en gran medida por la languidez de la locomotora minera- y cunde cierta resignación en el ambiente: que nuestros yacimientos envejecen y debemos conformarnos con solo mantener lo que hoy producimos. Esto es cierto sí y solo sí nos va mal explorando. A lo menos que podemos aspirar es a buscar con ambición, nadie puede asegurar que no queden yacimientos por descubrir.

La carga regulatoria es pesada, incluso exploraciones relativamente pequeñas hoy se deben evaluar ambientalmente. El aumento del umbral de número mínimo de sondajes para ingresar al SEIA, hoy en tramitación, debiera ayudar. También los varios incentivos de la reforma al mercado de capitales (MK4). Pero no basta. Debemos dificultarles la vida a los “perros del hortelano” de nuestra minería, dueños de concesiones mineras ociosas. Eso implica defender el pago progresivo de patentes mientras no se exploten, o bien alguna fórmula de resultado equivalente, por el momento ausente en el proyecto que empuja el Ejecutivo. Y el principal motivo tiene nombre y apellido: Codelco. La estatal posee, además de 1,2 millones de hectáreas de concesiones de exploración, 494 mil de concesiones de explotación inactivas, y son las de mejor prospecto. Sin embargo, la actividad exploración greenfield no se condice ni de cerca con el potencial porque la atención de la empresa está puesta en mantener a flote las faenas en operación.

La descarbonización y un mercado laboral que lleva años en estado de emergencia suplican que a Codelco no le resulte tan barato no comer y a la vez impedir que otros coman.

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