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Jorge Sahd

Cómo leer el cambio político en América Latina

JORGE SAHD K. Director Centro de Estudios Internacionales UC

Por: Jorge Sahd

Publicado: Miércoles 8 de julio de 2026 a las 04:04 hrs.

Jorge Sahd

Jorge Sahd

Trece de las últimas quince elecciones presidenciales en la región fueron ganadas por fuerzas de derecha, recordando la “ola azul” de hace algunos años con el ascenso de Piñera, Bolsonaro, Macri y Lacalle. Algo similar logró la izquierda, con el pick de la “marea rosa” en el período 2008-2009.

¿La región giró a la derecha o simplemente es el efecto pendular del voto de castigo? La pregunta surgió nuevamente con los recientes triunfos de Kast en Chile, Fujimori en Perú, Abelardo de la Espriella en Colombia y Fernández en Costa Rica, a la espera de lo que pueda ocurrir en Brasil en octubre.

Dejando de lado las pasiones, más que un giro ideológico estamos frente la persistencia del voto de castigo como principal fuerza política. Una sociedad latinoamericana impaciente, más exigente, menos tolerante frente a gobiernos que no entregan rápidos resultados y, en algunos casos, polarizada: en Colombia y Perú, los resultados fueron por estrechísimo margen.

“Dejando de lado las pasiones, más que un giro ideológico estamos frente la persistencia del voto de castigo como principal fuerza política”.

Los datos revelan que entre 2019 y 2023 todos los oficialismos fueron derrotados en las urnas, con excepción de la antidemocrática Nicaragua y la prolongada hegemonía del Partido Colorado en Paraguay. Es cierto que esta tendencia mostró un leve quiebre en 2024, donde las coaliciones gobernantes lograron mantenerse en el poder en México, El Salvador y República Dominicana; estos dos últimos casos con reelección de los presidentes en ejercicio. 

La época de las lunas de miel de los gobiernos o de los cheques en blanco para las derechas o izquierdas ya no existe. Hay una desafección con la democracia y con la política en general, donde cerca de la mitad de los latinoamericanos son indiferentes al sistema político mientras les resuelvan sus prioridades en seguridad, salud o economía, como revela Latinobarómetro.

¿Significa entonces que los gobiernos de derecha tienen todo perdido? No. Si pretenden proyectar este ciclo más allá de un gobierno, enfrentan al menos dos desafíos.

El primero es la seguridad. El crimen organizado se ha transformado en el principal riesgo político de América Latina. Allí existe una oportunidad, porque la demanda ciudadana por orden y seguridad ha encontrado, hasta ahora, mayor credibilidad en la propuesta de derecha. Si hay un cambio de dirección en el combate al crimen -al menos en la percepción- los gobiernos actuales ganarán en legitimidad.

El segundo es la economía. La región atraviesa una nueva década perdida. Entre 2015 y 2024 América Latina creció apenas cerca de un 1% anual, el peor desempeño en décadas, insuficiente incluso para aumentar el ingreso per cápita. Sin crecimiento, cualquier capital político termina agotándose.

La paradoja es evidente. América Latina está sentada sobre una verdadera mina de oro geopolítica. Concentra cerca del 30% de las reservas mundiales de cobre, más del 50% del litio y alrededor de la mitad del molibdeno, minerales críticos para la inteligencia artificial, la transición energética y las industrias tecnológicas del futuro. La oportunidad existe. Lo que falta es convertir esa ventaja en crecimiento, inversión y productividad.

Esta lección también alcanza al sector privado. Más que entusiasmarse con un supuesto cambio ideológico en la región, las empresas deben acostumbrarse a ciclos políticos cada vez más cortos. La capacidad de adaptación, la flexibilidad y la disposición para construir relaciones con gobiernos de distinto signo serán cada vez más necesarias.

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