Un shock de confianza: solo combustibles lo harán
JORGE SELAIVE Economista Jefe Scotiabank y Académico FEN U. de Chile
La confianza de los consumidores no se recupera con medidas graduales. Requiere un evento positivo, inesperado y generalizado, y una rebaja drástica del precio de la gasolina reúne esas tres condiciones.
El MEPCO ha costado US$ 750 millones desde marzo. Haber moderado las alzas desde el inicio habría implicado un desembolso cercano a US$ 2.000 millones adicionales, para llegar hoy a precios similares.
Por tanto, el problema del “bencinazo” no fue que los precios subieran, sino el “efecto señal” de desmontar una política a la que los hogares estaban habituados. Lo decisivo no fue su magnitud acumulada, sino su impacto sobre las expectativas, la incertidumbre y la confianza, ingredientes centrales del dinamismo del consumo.
“La confianza empresarial muestra una recuperación generalizada. Los consumidores, en cambio, han sido tradicionalmente más lentos y pesimistas”.
Fue una decisión cuyo alcance tan generalizado nadie anticipó. En numerosos países la gasolina se disparó por la ausencia de mecanismos de estabilización, pero el efecto sobre la demanda interna, el empleo y, sobre todo, la confianza y las expectativas fue menor y se revirtió con rapidez. Las diferencias en posición cíclica, ritmo de ejecución de la inversión pública, shocks de oferta y costos laborales también influyeron como es evidente cuando se mira lo que ocurre en Perú y otros países emergentes. En Chile, en cambio, la estabilización de precios se había vuelto parte del contrato implícito con los consumidores (desde 1991); su nueva interpretación produjo un shock de expectativas profundo y, hasta ahora, persistente.
El BC tiene razón al advertir sobre el riesgo de una debilidad prolongada. Acelerar la inversión pública, contener los costos laborales, incentivar la contratación, agilizar proyectos y reducir la inseguridad son medidas muy bienvenidas, pero podrían carecer de tracción sobre las expectativas. La experiencia reciente es elocuente: retiros previsionales, bonos múltiples, alzas del salario mínimo y ayudas focalizadas hicieron poco por el ánimo de los consumidores. El mejor registro del índice de confianza de Ipsos se observó en agosto de 2021 tras una histórica alza del PIB trimestral de 18%. Con facilidad, el cambio de gobierno a fines de 2025 bastó para llevarnos al optimismo con una economía que crecía apenas una décima parte de aquello y con una tasa de desempleo desestacionalizada sobre la NAIRU (ya había factores persistentes presentes).
La coyuntura refuerza la urgencia. La confianza empresarial muestra una recuperación generalizada. Los consumidores, en cambio, han sido tradicionalmente más lentos y pesimistas, y hoy se ubican en niveles muy débiles en el margen.
Corresponde, entonces, una política de shock y no de goteo. Una rebaja drástica y visible revertiría en el mismo terreno la señal negativa del “bencinazo”. Reducir en 90% (50%) el alza de marzo que fue de $370/litro y dejar que los precios suban según el MEPCO hasta diciembre costaría US$ 1.000 millones (US$ 750 millones). Si los precios internacionales se reducen (por tipo de cambio y/o petróleo), ese costo fiscal también lo haría dada la paulatina alza a nivel local. Si esa reducción es permanente, se puede administrar el ajuste de precios de gasolina a nivel local hasta recuperar el monto desembolsado haciendo la política fiscalmente neutral incluso este año o en el peor de los casos el 2027.
Cuando el problema son las expectativas, la respuesta debe ser sorpresiva, masiva y creíble. De esa de la que se habla en las calles, como fue el caso en marzo pasado.