La hora de la verdad: déficit fiscal y crecimiento
JOAQUÍN RHODIUS Cofundador de Betterplan
Se están discutiendo demasiadas medidas, reformas en “un solo proyecto”. Sin embargo, llega un momento en que hay que separar lo importante de lo accesorio. Chile está entrando en esa etapa. Porque, al final del día, el futuro del país se resume en dos grandes variables: crecimiento económico y disciplina fiscal. Casi todo lo demás es consecuencia de ellas.
Fue un error comunicacional cuando se habló de “miscelánea” para referirse al proyecto de ley de reconstrucción impulsado por el gobierno de Kast. Tampoco creo que “reconstrucción” sea la mejor definición. Entiendo la lógica: cuando un país acumula problemas durante años, muchas veces se requiere una mirada más integral.
Sin embargo, creo que el proyecto se pasó un poco en amplitud. Terminó pareciéndose más a las grandes reformas que hemos visto en Argentina, donde el deterioro acumulado obligaba a cambiar demasiadas cosas al mismo tiempo. Y Chile, afortunadamente, no está en ese punto.
A mi juicio, las prioridades hoy son mucho más simples. La primera es ordenar las cuentas fiscales.
Las reconstrucciones más importantes no son las que se hacen después de una catástrofe. Son las que se realizan antes de que el deterioro se vuelva irreversible.
La bola de nieve del déficit fiscal es probablemente la madre de casi todos los problemas económicos de largo plazo. Durante los últimos años —especialmente después de la pandemia— el gasto público aumentó significativamente. Sin embargo, cuando uno observa áreas fundamentales como salud, educación o seguridad, cuesta identificar mejoras equivalentes al aumento de recursos destinados.
Reducir el déficit fiscal no es un objetivo ideológico. Es una necesidad práctica. Permite recuperar credibilidad, reducir el costo de financiamiento del país, bajar las tasas de interés y generar condiciones para que familias y empresas vuelvan a invertir.
Además, abre espacio para algo fundamental: reducir la carga tributaria sobre la inversión y la creación de empleo.
Y ahí aparece el segundo gran desafío: volver a crecer.
Chile necesita recuperar tasas de crecimiento superiores al 3% anual y elevar su crecimiento potencial, que se ha deteriorado de forma importante durante la última década.
Porque cuando un país deja de crecer, se estancan los salarios, disminuyen las oportunidades y se deteriora gradualmente la calidad de vida.
La historia reciente es ilustrativa. A comienzos de los años noventa, Chile y Argentina tenían niveles de ingreso por habitante relativamente similares. Treinta años después, Chile prácticamente triplicó su PIB per cápita, mientras Argentina quedó muy rezagada.
Las diferencias son muchas, pero una de las más importantes fue la capacidad de mantener durante décadas una combinación razonable de crecimiento económico y responsabilidad fiscal.
La buena noticia es que Chile sigue teniendo bases sólidas para recuperar ese camino.
Las reconstrucciones más importantes no son las que se hacen después de una catástrofe. Son las que se realizan antes de que el deterioro se vuelva irreversible.
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