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Columnistas

La “pymenización” no es el problema

ENRIQUE TENORIO PRESIDENTE DE AFYS A.G.

Por: ENRIQUE TENORIO

Publicado: Viernes 7 de agosto de 2026 a las 04:00 hrs.

En el debate económico chileno, la llamada “pymenización” suele presentarse como una señal negativa. Una economía fragmentada, con empresas pequeñas, baja productividad y empleos más vulnerables. Ese diagnóstico contiene una parte de verdad, especialmente cuando el emprendimiento nace por necesidad o se mantiene en la informalidad. Sin embargo, conduce a una conclusión equivocada: que la existencia de muchas PYME sería, en sí misma, un problema que el país debería superar.

Según el documento MiPYME y Emprendimiento, publicado por el Ministerio de Economía en febrero de 2026, en Chile existen más de 1,2 millones de micro, pequeñas y medianas empresas, equivalentes al 98,5% del total, y en ellas se concentra el 48% de los empleos del país. Por lo tanto, no estamos frente a un fenómeno marginal ni transitorio, sino ante una parte estructural de nuestra economía y del mercado laboral.

La pregunta correcta no es cómo reducir el número de PYME, sino cómo lograr que más de ellas puedan formalizarse, aumentar su productividad, eficiencia, crecer y contratar trabajadores. Para ello, el financiamiento cumple un papel fundamental.

“Debemos dejar atrás la discusión que oscila entre romantizar a las PYME y considerarlas una expresión de precariedad”.

Y es que el empleo no se genera solamente a partir de buenas expectativas. Una empresa contrata cuando tiene ventas, proyectos y la capacidad financiera para responder a esas oportunidades. El problema es que muchas PYME deben pagar remuneraciones, proveedores, insumos e impuestos antes de recibir el pago de sus clientes.

Esta brecha se vuelve aún más compleja cuando las empresas de menor tamaño enfrentan mayores dificultades para acceder al crédito. De hecho, según la VII Encuesta Longitudinal de Empresas de 2024, las MiPYME pueden enfrentar hasta cinco veces más rechazos en sus solicitudes de préstamos que las grandes empresas. El mismo estudio muestra que las pequeñas y microempresas utilizan una menor diversidad de fuentes de financiamiento, lo que limita sus alternativas para responder a períodos de expansión o menor liquidez.

Frente a esta realidad, la respuesta no puede descansar únicamente en subsidios. Estos pueden ser necesarios para enfrentar emergencias, pero no pueden transformarse en el motor permanente del crecimiento de una empresa. El financiamiento productivo es el que permite adelantar ingresos, invertir, asumir nuevos contratos y sostener el crecimiento con recursos que luego regresan al sistema. Debemos dejar atrás la discusión que oscila entre romantizar a las PYME y considerarlas una expresión de precariedad. La “pymenización” será una debilidad si condenamos a miles de empresas a permanecer pequeñas, informales y sin acceso a capital de trabajo. Pero puede convertirse en una oportunidad si construimos las condiciones para que esas empresas crezcan, se profesionalicen y generen empleo formal. Chile necesita más PYME con capacidad de crecer, invertir y contratar. Para lograrlo, apoyar su financiamiento no es una concesión ni una medida asistencial: es una política de desarrollo productivo y creación de empleo.

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