El registro de un Imacec en julio de -1,5%, más negativo que lo anticipado, ha generado inquietud y confirmado un deterioro de las expectativas que se agudiza desde el segundo trimestre de este año. Si bien este resultado se vio muy influido por hechos puntuales, como los temporales y la caída de la minería, la evidencia respecto de la variación de la actividad respecto del trimestre anterior indica que la economía ha venido perdiendo dinamismo desde el trimestre móvil mayo-julio de 2025. El nivel del Imacec no minero desestacionalizado es igual al de febrero de 2025.
El BC incorporó estos antecedentes en el IpoM de septiembre, reduciendo el rango de crecimiento para 2026 a 0,25%-0,75% y ajustando también los componentes de la demanda interna a -0,3% la inversión y 1,7% el consumo.
Para 2027-2028, las perspectivas mejoran. Esto se sustenta en la reducción e integración del impuesto corporativo, la invariabilidad tributaria junto a la agilización de los permisos que comprende la ley de reconstrucción, un mayor precio del cobre y el incremento de un 15% en los montos de los proyectos del catastro de bienes de capital. En concreto, el IpoM eleva la proyección de la inversión a 8,1% y 7,1% para 2027 y 2028, respectivamente; lo que llevaría a un crecimiento en el rango 2,25%-3,25% y la inversión a un 27% del PIB en 2028, un nivel cercano a su máximo histórico.
“Para alcanzar un crecimiento tendencial mayor, el corto plazo también importa”.
A partir de esto, llaman la atención las proyecciones del PIB tendencial del comité de expertos de Hacienda. La tendencia se refiere a la capacidad de crecimiento sostenible de la economía. Para el PIB no minero tendencial para 2027 es 2,6% y de 2,3% para 2030, promediando un 2,3% para 2027-2031. Solo dos expertos prevén un 3% para 2030. Para el PIB total (minero más no minero), la proyección es 2,5% y 2,1% para 2027 y 2030, respectivamente.
¿Qué puede explicar estas bajas proyecciones? Por un lado, una metodología que prioriza la información del pasado y enfatiza el corto plazo; por otro, que los expertos son mas bien pesimistas sobre del futuro de la economía, en particular respecto a la contribución del capital al crecimiento del PIB.
Mantener una proyección prácticamente inalterada en torno a 2% el año 2030 —considerando la ultima estimación del BC de 1,9% para el PIB tendencial —implica suponer que la ley de reconstrucción, una reforma procrecimiento, a diferencia de lo que se hizo en el pasado: reformas que redistribuían la riqueza producto del boom anterior del precio del cobre, no tiene efectos sobre el crecimiento de tendencia. Esto resulta poco convincente.
Para alcanzar un crecimiento tendencial mayor, el corto plazo también importa: es preciso transitar por él para alcanzar las metas de largo plazo. En este sentido, es pertinente acelerar la inversión pública, y el empleo debe ser una prioridad en el diseño del presupuesto: vivienda y obras públicas debieran expandirse. Asimismo, se puede hacer frente a la coyuntura macro y de seguridad contratando personal civil para las labores administrativas en comisarias y recintos policiales, liberando carabineros para combatir la delincuencia y el crimen. Esta medida aminoraría el problema de desempleo y permitiría avanzar de manera permanente en seguridad.
Paralelamente, se debe seguir impulsando la flexibilidad laboral en lo referente a contratos por hora y en el plazo para calcular el promedio de 40 horas.
Lo anterior no significa abandonar el ajuste fiscal, sino fijar prioridades. Es preciso continuar combatiendo el “fraude social” y ajustando los programas que son sistemáticamente mal evaluados.