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REGÍSTRATE AQUÍLos ataques han generado lo que podría ser la mayor prueba para el príncipe Mohammed, mientras Estados Unidos se resiste a intervenir.
Por: Financial Times
Publicado: Martes 15 de septiembre de 2026 a las 16:13 hrs.
Mientras los rebeldes hutíes respaldados por Irán avanzaban la semana pasada por la costa del mar Rojo de Yemen, el príncipe heredero saudita, Mohammed bin Salman, llamó a Donald Trump para solicitar apoyo de Estados Unidos para frenar el avance de los militantes.
Los hutíes se estaban acercando a Bab al-Mandeb, el estrecho que se ha vuelto crucial para las exportaciones sauditas de crudo desde que Irán restringió el transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz. También estaban lanzando oleadas de misiles y drones contra instalaciones energéticas en las provincias del sur de Arabia Saudita. Y un ataque desde el norte, perpetrado por militantes chiitas en Irak, obligó a cerrar un oleoducto vital.
Pero cuando Trump habló públicamente sobre la amenaza hutí, pareció despreocupado. Los hutíes, a quienes Trump designó como grupo terrorista durante sus dos mandatos, habían llamado a Washington para decir que "no quieren luchar contra nosotros", afirmó.
"No quieren que vayamos tras ellos", dijo Trump el sábado durante una visita a Irlanda. "Están dejando pasar a la mayoría de los barcos. Solo hay un país con el que no están muy contentos, y vamos a solucionar eso".
Riad se ha acostumbrado a la imprevisibilidad del Presidente estadounidense. Pero la respuesta aparentemente despreocupada de Trump ante la creciente crisis de Arabia Saudita, pese al impulso que esta supone para los esfuerzos de Irán por mantener elevados los precios de la energía, no habrá hecho más que profundizar la frustración por la guerra de Estados Unidos contra Irán.
Arabia Saudita está lidiando ahora con el mismo caos regional sobre el que el príncipe Mohammed había advertido a Trump, atrapada entre los hutíes, fortalecidos y curtidos en combate, y la amenaza de ataques de militantes desde Irak, donde están activas milicias chiitas respaldadas por Irán y la Guardia Revolucionaria iraní.
Esto ha generado posiblemente la mayor prueba para el príncipe Mohammed desde el asesinato en 2018 del periodista Jamal Khashoggi a manos de agentes sauditas, que por un breve período lo convirtió en un paria en Occidente. Amenaza tanto la capacidad del reino para vender crudo como el ambicioso proyecto del príncipe heredero, financiado con petrodólares, de convertir a su país en un hub global de inversión.
El reino "enfrenta desafíos de muchas más maneras" que en 2018, dijo Neil Quilliam, investigador asociado de Chatham House. "Mohammed bin Salman tiene pocas opciones buenas", afirmó. "Esta es una prueba en todos los frentes. Es una prueba para su liderazgo en el reino (...) es un desafío económico y de seguridad".
Aunque la relación con Washington es sólida, "está claro que Estados Unidos no va a intervenir para apoyarlo".
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La producción petrolera saudita ya había caído a 6,2 millones de barriles diarios en agosto, su nivel más bajo en 36 años, según datos entregados a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), debido a las dificultades para hacer pasar los buques petroleros por los estrechos de Ormuz y Bab al-Mandeb. Arabia Saudita, durante mucho tiempo el mayor exportador mundial de crudo, actualmente despacha menos de la mitad que Estados Unidos.
El oleoducto Este-Oeste, que tiene una capacidad máxima de hasta 7 millones de barriles diarios, se volvió vital para sus exportaciones después de que Irán comenzara a atacar el transporte marítimo en el estrecho de Ormuz.
Con su cierre, los analistas de la consultora Energy Aspects esperan ahora que las refinerías de petróleo de Yanbu y Petro Rabigh, en la costa occidental de Arabia Saudita, comiencen a reducir la producción de manera inminente. Las reservas de petróleo en la terminal marítima de Yanbu "solo permitirán mantener unos pocos días de carga de crudo", dijeron.
Para intentar compensarlo, la petrolera estatal Saudi Aramco podría tratar de aumentar las exportaciones a través del estrecho de Ormuz, con ayuda de escoltas militares estadounidenses. Pero eso conlleva sus propios riesgos, ya que Irán continúa atacando buques petroleros.

El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman.
El príncipe Mohammed, quien encabezó la intervención de Arabia Saudita en la guerra civil de Yemen en 2015 para liderar una coalición contra los hutíes, había pasado los últimos cuatro años intentando sacar al reino del enormemente costoso conflicto en Yemen.
Un alto el fuego de 2022 se mantuvo en gran medida hasta julio, cuando los hutíes anunciaron que impondrían un bloqueo a los puertos sauditas y plantearon exigencias que incluían el pago de salarios en las zonas bajo control hutí, dar a los rebeldes acceso a los ingresos petroleros de Yemen y pagar compensaciones por las pérdidas de la guerra.
Esto dejó a Riad -que consideraba que las exigencias de los hutíes equivalían a una extorsión- evaluando si debía escalar el conflicto y arriesgarse a más ataques hutíes contra sus instalaciones petroleras o impulsar una nueva tregua.
"Riad ha enfrentado un dilema de política", dijo Firas Maksad, director para Medio Oriente de Eurasia Group. "No puede someterse a las crecientes exigencias hutíes bajo presión militar, pero tampoco puede permitirse una escalada que desemboque en una guerra en dos frentes que podría costarle la mitad de la producción de Aramco".
Arabia Saudita lleva meses armando y entrenando a facciones alineadas con el Gobierno de Yemen reconocido internacionalmente, preparándose para una escalada hutí. También ha buscado profundizar sus alianzas para contrarrestar la amenaza.
El mes pasado, dijo que más de una decena de países se habían sumado a una coalición marítima para proteger el transporte marítimo a través del mar Rojo y Bab al-Mandeb. El príncipe Mohammed también firmó en agosto un acuerdo mediante el cual Turquía, miembro de la OTAN, se incorporó a un pacto de defensa mutua que Arabia Saudita y Pakistán habían acordado un año antes.
El príncipe heredero incluso había conseguido un acuerdo de defensa con Estados Unidos cuando visitó la Casa Blanca en noviembre pasado.
Pero ninguno de estos acuerdos ha disuadido a los hutíes, y los analistas señalan que es poco probable que Turquía o Pakistán desplieguen tropas terrestres en Yemen.
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Estados Unidos está apoyando a las fuerzas sauditas con información para la selección de objetivos e inteligencia mientras el reino lanza ataques aéreos contra posiciones hutíes en Yemen.
El almirante Brad Cooper, comandante del Comando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, que supervisa las operaciones en Medio Oriente, sostuvo conversaciones con el príncipe Mohammed el lunes para discutir los "últimos acontecimientos regionales", informó la agencia estatal de noticias saudita, sin entregar más detalles.
Pero Trump tiene su propio historial irregular con los hutíes, que controlan Saná, la capital yemení, y gran parte del poblado norte del país, y reciben armas y tecnología de Irán.
Los hutíes comenzaran a interrumpir el transporte marítimo por el mar Rojo tras el ataque de Hamas contra Israel del 7 de octubre de 2023. Más tarde, de vuelta en la Casa Blanca, Trump ordenó una intensa campaña de bombardeos contra los rebeldes y advirtió que "llovería el infierno" sobre ellos a menos que dejaran de atacar embarcaciones.
Sin embargo, después de unas siete semanas, durante las cuales los hutíes continuaron atacando barcos mercantes y buques de la Armada estadounidense, el Presidente puso fin a la ofensiva y dijo que se había alcanzado un alto el fuego. Trump incluso pareció impresionado por su resistencia, elogiando su "valentía" y su capacidad para "soportar mucho castigo".
Con Estados Unidos ahora empantanado en una guerra con Irán que se prolonga desde hace meses -lo que supone una carga significativa para sus fuerzas-, los analistas dicen que es aún menos probable que Washington intervenga directamente.
Un diplomático dijo que Riad había solicitado cobertura aérea estadounidense, pero Washington respondió que no estaba dispuesto a intervenir por ahora, ya que estaba concentrado en la guerra con Irán.
"La reticencia de Trump a involucrarse directamente en la guerra de Yemen no sorprende al príncipe heredero saudita", dijo Maksad. Añadió que Riad también era cauteloso respecto de verse arrastrado a un conflicto más profundo en Yemen, señalando que "mantener su capacidad para producir y exportar petróleo es exponencialmente más importante que una victoria rápida contra los hutíes".
Un alto funcionario de la administración Trump dijo la semana pasada que Washington estaba "en diálogo permanente con Arabia Saudita (...) respecto de la estabilidad regional".
Bernard Haykel, profesor de estudios de Cercano Oriente de la Universidad de Princeton, quien conversa con el príncipe Mohammed, dijo: "Es una crisis muy grande, con una amenaza real desde el sur, el norte y el este", en referencia a Irán, que ha lanzado misiles y drones contra el reino durante su guerra con Estados Unidos.
Haykel dijo que cree que el príncipe Mohammed quiere negociar con Teherán. Pero "con los hutíes es mucho más agresivo y quiere verlos reducidos a su mínima expresión; el problema es que las fuerzas que ha apoyado contra los hutíes han resultado ser inútiles", agregó.
Por ahora, las diversas y fragmentadas facciones yemeníes respaldadas por Riad están intentando hacer retroceder a los hutíes, con el apoyo de ataques aéreos sauditas, dicen los analistas.
Mohammed al-Basha, fundador de la firma estadounidense de asesoría de riesgos Basha Report, dijo que las líneas del frente a lo largo de la costa sur de Yemen se han estabilizado en los últimos días, con el área alrededor de Bab al-Mandeb convertida en "tierra de nadie".
"Hay escenarios en los que una coalición liderada por Arabia Saudita puede hacer retroceder a los hutíes, pero ahora mismo estamos ante un escenario óptimo de estabilización de las líneas del frente», dijo. «No creo que los sauditas lleguen a un acuerdo, por ahora, porque las condiciones de los hutíes equivalen a una rendición total».
"Si llegas a un acuerdo con ellos hoy, no hay garantía de que mañana no pidan más".
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