Editorial

Propuesta constitucional: los riesgos de la refundación

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Los chilenos deberán decidir este domingo si aceptan o rechazan la propuesta constitucional de la Convención Constituyente. El texto adolece en fallas de proceso, y más grave aún, en el modelo de país que propone en su articulado. El proceso ha sido extremadamente frustrante y ha dañado la amistad cívica que ha sido siempre uno de los grandes activos de Chile. Pocos argumentos y muchas consignas, ataques personales en vez de debates sobre los temas de fondo, generalizaciones, descalificaciones y poco rigor, fueron la tónica de un proceso que mostró signos de rechazo de los ciudadanos en las encuestas a poco andar.

Quienes debían ser pivotes para lograr consensos se replegaron y los extremos instalaron una cancelación. La revelación de que uno de los convencionales había simulado un cáncer para ser electo y otros graves incidentes fueron dañinos, pero lo fueron más las cientos de horas dedicadas a denostar a los adversarios políticos. Sea cual sea el resultado, este proceso dejará una huella negativa en el país, profundizando la desconfianza de los ciudadanos en los órganos colectivos representativos y su capacidad de diálogo de calidad. A lo anterior se suma lo que propone la Convención Constituyente como nueva Constitución para Chile, un texto refundacional, utópico y con falencias claras de diseño institucional.

Sea cual sea el resultado, este proceso dejará una huella negativa en el país, profundizando la desconfianza de los ciudadanos en los órganos colectivos representativos y su capacidad de diálogo de calidad.

El texto de la convención no asegura un sistema electoral y político robusto para canalizar las reformas y las demandas ciudadanas. La fragmentación, la irrupción de movimientos sociales sin arraigo institucional y otras falencias son preocupantes.

Con respecto a lo primero, cuesta entender que las lecciones de la historia no permeen en los procesos como el que vivimos. Las refundaciones suponen procesos dolorosos casi siempre en el corto plazo y fracasos en el mediano. Al pretender cambiar todo a la vez -en este caso, eliminar el Senado y reemplazarlo por una cámara regional que no es un verdadero contrapeso, armar un “sistema” judicial nuevo, crear varias naciones dentro de Chile, entre otras cosas- se impide mantener lo bueno y reformar lo deficiente.

El argumento de la progresividad en estos casos no es tranquilizador, ya que una parte de los cambios empezarán a regir prontamente y además, el hecho de hacer cambios dañinos de manera pausada nos los convierte en positivos solamente por los plazos de implementación. Los procesos históricos han demostrado que los más desprotegidos, en nombre de quienes se vocifera, son precisamente los más afectados por las convulsiones de la incertidumbre.

El documento además tiene claros tintes utópicos, propios de ideologías ya superadas en el mundo. La idea de que el Estado chileno, con sus evidentes falencias en los sistemas de salud y seguridad, pueda asumir el rol principal en todo, incluyendo algunos sectores productivos, no se sostiene. Además, pretende por medio de un texto satisfacer todos los derechos sociales sin establecer mecanismos para financiarlos fiscalmente. Es difícil de entender, en este misma línea, que se opte por limitar el rol de la sociedad civil y el sector privado en la sociedad en lugar de establecer una cancha con reglas de competencia y transparencia, que les permitan seguir aportando con fuerza en el país.

Con respecto a las falencias en el diseño institucional hay una lista larga, varias de las cuales son graves. Lo primero, es que no asegura un sistema electoral y político robusto para canalizar las reformas y las demandas ciudadanas. La fragmentación, la irrupción de movimientos sociales sin arraigo institucional, escaños reservados que no se condicen con la representatividad, seguirían replicándose y evitando una democracia de consensos. Lo segundo, hay una amplia cantidad de instituciones nuevas que se superponen y que están por definirse. Dentro de ellas, claramente la creación de autonomías regionales encabeza la lista de preocupaciones, pero hay otras.

Dicho todo lo anterior, el voto del domingo es un momento decisivo para el país que le abre una posibilidad de reevaluar la manera de llegar a los objetivos y optar por una senda de reformas con diálogo.

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