La pesca artesanal de Arica atraviesa una de sus situaciones más complejas de las últimas décadas. La disminución de las capturas, atribuida por los pescadores a las alteraciones en la temperatura del océano, está golpeando los ingresos de cientos de familias y comenzando a afectar a otras actividades vinculadas al abastecimiento de productos del mar, como el comercio, las ferias libres y los restaurantes de la ciudad.
Según el Sindicato de Pescadores Artesanales de Arica, la inactividad del sector alcanza actualmente entre un 85% y un 90%, una situación que se ha profundizado durante los últimos meses y que mantiene afectados a unos 800 trabajadores dedicados principalmente a la extracción de especies para consumo humano.
El presidente de la organización, Sergio Guerrero, explicó a DF Regiones que la disminución de los recursos comenzó a manifestarse hace aproximadamente un año, pero se intensificó durante el invierno. A su juicio, la magnitud del fenómeno supera incluso episodios anteriores asociados a El Niño, que también provocaron importantes alteraciones en la actividad pesquera del extremo norte.
"Aquí han habido dos crisis de la Corriente de El Niño en los años anteriores, pero nunca ha sido tan drástica como la de ahora", afirmó el dirigente, quien recordó que durante la década de 1980 también se registró una fuerte escasez de recursos que afectó tanto a la actividad industrial como a la pesca destinada al consumo humano.
Guerrero sostuvo que durante julio y agosto la disminución de la actividad ya se situaba entre un 70% y un 80%, mientras que en octubre la situación continuó deteriorándose. De acuerdo con su evaluación, la flota que abastece a la industria se encuentra paralizada por la falta de anchoveta, mientras que los pescadores artesanales enfrentan dificultades crecientes para encontrar especies que habitualmente comercializaban en la región.
Entre los recursos cuya presencia en las capturas se ha reducido considerablemente menciona la corvina, la cojinova, la cabrilla, la lisa y el pejerrey, además de otras especies propias de la zona. A ello se suma la menor disponibilidad de carnada para las embarcaciones que realizan pesca de altura, lo que también limita sus posibilidades de operación.
Ingresos a la baja y salidas que no cubren los costos
La menor disponibilidad de pescado está teniendo consecuencias directas sobre la economía de los trabajadores. Según Guerrero, en Arica hay cerca de 1.400 pescadores artesanales registrados, de los cuales unos 800 se dedican a la pesca para consumo local y están siendo afectados por la crisis.
Según Guerrero, antes de la crisis algunos pescadores ganaban entre $ 300 mil y $ 400 mil semanales. Hoy, en cambio, hay quienes apenas logran reunir entre $ 10 mil y $ 20 mil diarios, siempre que consigan pescado para vender.
El problema se agrava por los costos asociados a cada salida al mar. El combustible y los gastos de operación se mantienen, mientras que los volúmenes de extracción han disminuido a niveles que, en algunos casos, no permiten recuperar la inversión realizada durante la jornada.
Guerrero describe que hay embarcaciones pequeñas cuyos tripulantes comienzan a trabajar alrededor de las 4 de la madrugada y regresan cerca de las 11 de la mañana con capturas bajas.
"Llegan con 20 ó 30 kilos de recursos, que eso no les alcanza a cubrir los gastos que ellos hacen", señaló. Este escenario también está obligando a los trabajadores a restringir sus salidas, ya que permanecer varias horas en el mar no garantiza obtener una cantidad suficiente para financiar una nueva jornada.
El impacto, advirtió Guerrero, trasciende a quienes realizan las labores de extracción. Detrás de los aproximadamente 800 pescadores afectados existen grupos familiares que dependen de esos ingresos para cubrir alimentación, vivienda y servicios básicos.
Menos pescado y movimiento de la caleta
La escasez de pescado también está afectando las ventas en la caleta de Arica. Los puestos tienen menos productos disponibles y la llegada de compradores ha disminuido. Guerrero aseguró que la administración del recinto ha observado una disminución importante en el flujo de visitantes, situación que relaciona directamente con la escasez de productos disponibles.
"Nos ha bajado más o menos un 70% el movimiento de ingreso de gente a La Caleta. Entonces uno ve esas situaciones porque la gente viene y ya hoy ya no hay pescado", sostuvo.

Guerrero contó que entre mayo y julio se vendían entre 10 y 12 toneladas diarias de bonito, a precios de entre $ 1.000 y $ 1.500 el kilo. Sin embargo, en las últimas semanas las capturas de esta especie también han caído fuertemente.
La escasez está presionando, además, los precios de venta al consumidor. Guerrero señaló que, ante las dificultades para abastecerse de especies locales, algunos productos provenientes de otras regiones han adquirido mayor presencia en el mercado, aunque con valores altos.
Entre los ejemplos menciona la reineta procedente del sur, cuyo precio ha llegado a los $ 10 mil por kilo en Arica, restringiendo las posibilidades de compra por el alto precio.
La situación también alcanza a los restaurantes y establecimientos gastronómicos que utilizan productos del mar en sus preparaciones, debido a las dificultades para encontrar algunas de las especies que tradicionalmente forman parte de su oferta.
Para el sindicato, el deterioro de las capturas está afectando así una cadena que comienza en las embarcaciones y continúa en los puestos de venta, ferias libres, restaurantes y otras actividades vinculadas al comercio local.
El calentamiento del mar y sus efectos sobre las especies
Detrás de la caída de las capturas se encuentran cambios en las condiciones oceanográficas que están alterando la distribución y disponibilidad de recursos pesqueros en el norte del país.
Arnaldo Vilaxa Olcay, académico del Departamento de Biología de la Universidad de Tarapacá, explicó que el incremento de la temperatura superficial del océano provoca que especies adaptadas a aguas frías busquen condiciones más favorables a mayor profundidad, dificultando su extracción.
El fenómeno afecta especialmente a recursos como la anchoveta, que cumple un papel relevante en la cadena alimentaria marina y en el funcionamiento de las pesquerías del norte.
“En el mar, cuando aumenta la temperatura superficial, las especies que viven en aguas frías descienden a mayor profundidad en busca de condiciones más favorables. Eso ocurre principalmente con la anchoveta, uno de los principales recursos pesqueros de la zona”, explicó el también doctor en biología celular y biología del desarrollo.
Agregó que el desplazamiento de los peces pequeños también modifica la distribución de especies de mayor tamaño que dependen de ellos para alimentarse. De esta manera, las alteraciones en la temperatura pueden afectar simultáneamente a distintos niveles de la cadena alimentaria y reducir la disponibilidad de recursos en las zonas habituales de pesca.
Los antecedentes del Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) dan cuenta de cambios importantes en la actividad extractiva de la zona norte durante 2026.
De acuerdo con un informe técnico del organismo, las capturas de anchoveta analizadas para el período enero-junio en la zona comprendida entre Arica y Antofagasta alcanzaron aproximadamente 46 mil toneladas, frente a las 188 mil toneladas registradas en igual período de 2025. La diferencia representa una caída de 75,5%.
El estudio también identificó un desplazamiento de cerca de 97 kilómetros hacia el norte en el centro de gravedad de las capturas, junto con un retraso de al menos cuatro semanas en la actividad reproductiva del recurso respecto de su comportamiento histórico.
Estos antecedentes muestran cambios en la distribución y reproducción de la anchoveta, en un escenario de variabilidad ambiental asociado a El Niño 2026.
El calentamiento del océano también ha generado preocupación en otras zonas del país. Las anomalías térmicas que afectan a más del 75% del mar interior de la Región de Los Lagos y que podrían aumentar el riesgo de floraciones algales nocivas, conocidas como mareas rojas.
Más allá del verano
Una de las principales inquietudes del sector es cuánto tiempo podrían mantenerse las actuales condiciones y cuándo comenzaría a recuperarse la disponibilidad de pescado.
Vilaxa advirtió que la crisis podría prolongarse durante los próximos meses. El experto recordó que en 1982, El Niño también provocó una fuerte alteración del ecosistema marino, con la disminución de algas y la llegada de especies que normalmente habitan en aguas más cálidas.
Según el académico, las altas temperaturas del mar podrían mantenerse hasta enero o febrero de 2027. Sin embargo, explicó que la pesca no necesariamente se recuperará apenas termine el fenómeno, ya que las especies necesitan tiempo para volver a sus zonas habituales.
“Hay que pensar que hay un tiempo en el cual el ecosistema tiene que reponerse. Entonces eso va a durar prácticamente un mes, dos meses a lo mínimo. Entonces esto, yo creo que va para largo”, señaló.
Vilaxa también planteó que los pescadores deberían contar con otras alternativas para generar ingresos, como el cultivo de especies marinas. A su juicio, esto permitiría reducir la dependencia de las capturas y enfrentar de mejor manera futuras crisis provocadas por cambios en las condiciones del mar.
Pescadores solicitan ayuda
El Sindicato de Pescadores Artesanales de Arica está en conversaciones con la Delegación Presidencial para conseguir apoyo económico para los trabajadores afectados por la crisis. "Hay un acercamiento, nos han pedido listado para que llegue una ayuda, pero hasta el momento no se ha concretado", contó Guerrero.
El dirigente explicó que la crisis afecta a pescadores de altura, buzos mariscadores, recolectores de orilla y tripulantes de embarcaciones artesanales. Por ello, propone entregar una ayuda de $ 300 mil mensuales durante tres o cuatro meses, para que las familias puedan cubrir sus gastos básicos mientras se recupera la actividad.
Guerrero también cuestionó que las autoridades no se hayan preparado para enfrentar estos fenómenos, pese a las advertencias de los especialistas.
En paralelo, el IFOP continuará monitoreando las condiciones del mar y la reproducción de la anchoveta durante la temporada 2026-2027, luego de detectar una caída en las capturas y cambios en la distribución de esta especie en el norte del país.