Con el objetivo de fortalecer su proyección comercial y elevar los estándares de competitividad en los mercados internaciones, productores vitivinícolas del Valle del Itata, Región de Ñuble, junto a la Universidad del Bío-Bío (UBB) y el Gobierno Regional, concretaron el diseño del Sello de Calidad de los Vinos del Itata.
La iniciativa busca certificar la identidad productiva del valle, abrir nuevas oportunidades económicas a nivel nacional e internacional y sentar las bases de un clúster que integre al sector con el turismo y los servicios.
El trabajo del comité, compuesto por 16 productores en conjunto con la UBB, permitió definir las bases normativas para la obtención de la futura certificación, que abarcará no sólo los procesos enológicos, sino también el impacto que el sector tiene en la matriz económica de Ñuble.
“Este sello representa una oportunidad para que el patrimonio vitivinícola del Valle del Itata fortalezca su identidad, genere nuevas oportunidades económicas y proyecte su calidad hacia Chile y el mundo”, comentó la prorrectora de la UBB, Carolina Flores.
Calidad de exportación
El avance del sello contempla inversiones en equipamiento y análisis técnico. Actualmente, el laboratorio de la universidad espera la autorización del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) para emitir boletines de análisis enológicos destinados a la exportación, determinantes para la internacionalización de los mostos de los pequeños productores.
Para asegurar la viabilidad del proyecto, el gobernador de Ñuble, Óscar Crisóstomo, comprometió el apoyo financiero durante los primeros años de funcionamiento del sistema de certificación, apuntando a su futura autonomía y sostenibilidad. “Queremos que este esfuerzo tenga continuidad y proyección en el tiempo. Estamos convencidos de las capacidades de nuestra región y de la importancia de fortalecerlas para que nuestros productores puedan acceder a nuevas oportunidades”, señaló.
Además, Crisóstomo relevó que se trabaja en una estrategia articulada con Corfo, ProChile y la academia para instalar un clúster que, junto a la Cepal, permita robustecer el ecosistema de los viñateros.
Pequeños productores
A diferencia de otras zonas vitivinícolas, el modelo de negocios del Valle del Itata se sustenta en la obtención de vinos de pequeños productores, cuyas superficies plantadas promedian 2,5 hectáreas, desde donde se extraen variedades tradicionales como País, Cinsault y Moscatel de Alejandría.
El director del proyecto, Jorge Moreno, destacó el rol de los viñateros. “Estamos cumpliendo un primer hito muy importante, porque contamos con las bases que permitirán avanzar hacia el sello. Pero igualmente relevante ha sido la participación de los viñateros, la interacción que hemos construido y su compromiso para continuar trabajando conjuntamente”.
Bajo esa línea, el productor y miembro del Comité Normativo, Pablo Herrera, relevó los elementos diferenciadores de la zona. “La marca Itata debe representar aquello que nos hace diferentes. Para lograrlo, necesitamos construir un relato común y fortalecer la colaboración público - privada”, explicó y rescató el valor patrimonial de las viñas de la zona, las más antiguas del país.
Viñas de 500 años
El valor del Valle del Itata tiene una historia vitivinícola de más de 500 años. Según registros, la actividad comenzó en 1548 con la llegada de las primeras estacas de parra de las variedades País y Moscatel, introducidas por el clérigo Francisco de Carabantes.
La tarea iniciada por el fraile tuvo el respaldo de Pedro de Valdivia, quien en 1551, dispuso que se plantaran en la zona viñedos con parras traídas desde Perú. Ya en 1556 se obtuvieron las primeras cosechas.
La historia se consolidó en 1563 cuando la orden Jesuita se asentó en el valle, afianzando la producción en haciendas como Cucha Cucha, hoy recuperada por la empresa Arauco y que aún mantiene operaciones enológicas.
“Tenemos un patrimonio genético que se ha adaptado durante siglos a las condiciones del Valle del Itata. Ese patrimonio no se puede comprar ni reproducir de un día para otro; es una riqueza única que debemos reconocer, proteger y proyectar”, destacó Herrera.