Hubo un tiempo en que sabía prácticamente todo lo que se podía saber sobre la relación comercial entre Estados Unidos y Chile”, recordó Craig VanGrasstek, quien durante más de una década asesoró al gobierno chileno en estas materias, principalmente durante los años ‘90, cuando el país se abría al mundo.
A este conocimiento se suma una extensa trayectoria como especialista en comercio internacional. VanGrasstek es doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Princeton, exdocente de la Escuela de Gobierno de Harvard y autor de la historia oficial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), publicada en 2013.
Consultor en política comercial desde 1982 y autor del reciente libro On Trade War, VanGrasstek advirtió que la estrategia de apertura económica que benefició a Chile durante décadas enfrenta nuevos desafíos ante la rivalidad entre EEUU y China. En particular, anticipó que Washington podría aumentar las presiones sobre sus socios para que adopten restricciones contra Beijing, poniendo a prueba la capacidad del país para preservar su histórica neutralidad.
En entrevista con DF, el experto señaló que Chile debe prepararse para escenarios en los que se vea arrastrado, incluso contra su voluntad, a la confrontación entre ambas potencias. Planteó que China también tiene capacidad de represalia, especialmente por la dependencia chilena de sus exportaciones de materias primas, y llamó a anticipar los riesgos de un eventual alineamiento con EEUU.
- ¿En el conflictivo contexto global actual, la apertura comercial por la que ha apostado Chile podría transformarse en una vulnerabilidad?
- Una de las cosas que aprendes cuando estudias estrategia es que no hay una perfecta para todos los tiempos.
Una estrategia depende de tres cosas: una es tu propia situación y tus recursos; luego está lo que hacen los otros países; y, en tercer lugar, están los cambios que se producen en el entorno más amplio.
“Parte del problema surge cuando eres un país neutral, pero participas muy activamente en el comercio. Entonces, te encuentras en una posición en la que puedes verte arrastrado, contra tu voluntad, a los conflictos”.
La estrategia de Chile durante décadas fue la de abrirse al mundo, negociar acuerdos comerciales, participar muy activamente en la OMC y todos los foros posibles. Como a veces dice la gente, ser el país más promiscuo en la negociación de acuerdos comerciales. Ustedes están en el grupo de naciones que negociarán un TLC con cualquiera, porque la visión es que la liberalización comercial es buena.
Esa fue una estrategia que funcionó muy bien y benefició enormemente a Chile.
Sin embargo, se vuelve más problemática si el sistema multilateral se desmorona.
- ¿Qué ocurriría si EEUU comienza a acudir a sus actuales socios para solicitarles que impongan ciertos tipos de restricciones respecto de China?
- Ahí es donde el pensamiento estratégico de Chile se vuelve más complicado.
Aunque eso todavía no ha ocurrido del todo, existen precedentes de que EEUU vuelve a exigir la renegociación de acuerdos. Creo que esa es una dirección hacia la cual la administración Trump podría querer impulsar la política estadounidense.
De hecho, han estado incluyendo en los acuerdos comerciales muchas cuestiones que de ninguna manera son tradicionales. Cosas como hacer que los países asuman compromisos de determinados niveles de compras o de inversión en EEUU. Ellos no respetan las reglas del juego establecidas.
La estrategia de Chile tenía sentido en su momento y probablemente sigue siendo acertada, pese a los cambios en el escenario. Sin embargo, tienen que pensar en las contingencias.
- ¿Una forma de prepararse ante las contingencias es un screening de inversiones?
- No he tenido la oportunidad de examinar esta política en profundidad. Solo diría que, para mí, encaja dentro del problema más amplio de qué haces cuando EEUU o China comienzan a formularte exigencias.
- ¿Qué haces cuando Washington te exige alinear tus políticas con las suyas?
- Eso era relativamente fácil cuando, bajo el régimen anterior, EEUU quería negociar TLC y llamaban a liberalizar tal como lo habían hecho ellos mismos. Eso realmente beneficiaba a Chile, porque los potenciales inversionistas extranjeros se convencían de que era un buen lugar para invertir, en función de los compromisos de liberalización respaldados por un TLC con EEUU, el cual se transformaba -en ese sentido- en un acuerdo de promoción de inversiones.
Sin embargo, si EEUU cambia su posición y comienza a imponer más restricciones y quiere que ustedes impongan esas restricciones, habrá una mayor contaminación de los acuerdos comerciales con cuestiones de política exterior relacionadas con el principal adversario de Washington.
EEUU está diciendo, en la práctica, que tiene un conflicto de largo plazo con China, y que tienen mecanismos de screening de inversiones que también quieren que usen ustedes.
Lo que están haciendo es exigir que ustedes alineen sus políticas, en términos generales, más estrechamente con las de EEUU.
Lo veo dentro de ese esquema. Es coherente con mi planteamiento de que EEUU se volverá cada vez más intrusivo respecto de cuáles deberían ser las políticas de Chile.
¿Qué deberían hacer ustedes al respecto? Confieso que no quiero adoptar una posición.
- ¿Qué otra preparación institucional debiera considerar Chile si quiere preservar su neutralidad ante China y EEUU?
- Cuando enseñaba esta materia en universidades estadounidenses, intentaba explicar a mis estudiantes los dilemas de los países neutrales, pero era difícil porque asociaban la neutralidad únicamente con el Movimiento de Países No Alineados, pero la neutralidad abarca mucho más que el no alineamiento.
Parte del problema surge cuando eres un país neutral, pero participas muy activamente en el comercio. Entonces, te encuentras en una posición en la que puedes verte arrastrado, contra tu voluntad, a los conflictos.
Si un país busca mantenerse neutral en el ámbito militar y tiene pocos vínculos económicos con el mundo, esa posición es fácil de sostener. Pero cuando busca mantener su neutralidad política y, al mismo tiempo, comerciar intensamente, surgen conflictos con los países beligerantes, especialmente por lo que estos consideran asuntos de seguridad.
Con el tiempo, la definición de lo que constituye un asunto de seguridad se ha ampliado, incorporando nuevas tecnologías, como las de la información y comunicaciones, incluidos los cables submarinos.
Ustedes se encontrarán ante este dilema cuando sus socios quieran definir el alcance de lo que está relacionado con la seguridad de maneras que a ustedes ni siquiera les parecen razonables.
La neutralidad es difícil, por lo que no solo exige que tengas una estrategia. Tienes que anticipar qué exigencias podrían plantearte y pensar cómo responderías.
Tienes que ser lo contrario de Donald Trump atacando a Irán sin darse cuenta de que el estrecho de Ormuz iba a ser cerrado.
En Chile deberían estar pensando no solo en las exigencias que están surgiendo ahora, sino también en las exigencias que podrían venir en el futuro.
- ¿Qué arriesga Chile si abandona su histórica neutralidad comercial y se alinea con EEUU, considerando su estrecha relación con China?
- En cuanto a saber exactamente qué está dispuesta a hacer China, no querría afirmarlo de manera absoluta. Pero no lo van a ignorar.
China definitivamente ha demostrado que, cuando quiere, también puede jugar duro, entonces se debería pensar en las formas en que podría responder.
Hay que tener presente que ustedes exportan materias primas que son bienes fungibles. Puede haber diferencias de calidad y otras cosas, pero ustedes exportan cobre y varios otros países también lo hacen, lo mismo pasa con la madera... Por lo tanto, China podría redirigir sus compras.
Desde una visión económica neoclásica, tiene sentido producir lo que haces mejor. Pero en una guerra comercial, si exportas bienes que otros países también producen y pueden sustituir fácilmente, quedas en una peor posición.
Así que necesitan pensar cuáles son sus bienes fungibles, cuáles son sus bienes no fungibles y qué tan susceptibles son de ser objeto de medidas.
También es preciso simular escenarios de conflicto para analizar dónde encaja Chile en un enfrentamiento entre EEUU y China, en el que Chile podría verse involucrado contra su voluntad.
- ¿Tiene Chile mayor margen para acercarse a EEUU sin afectar su relación con China, considerando que Beijing parece exigir menos muestras de lealtad que Washington?
China tiene líneas rojas que exige respetar, pero eso plantea preguntas sobre la posición que debemos adoptar frente a los derechos humanos. Hay muchas cosas que admiro de China, pero me preocupa su trato a la libertad de expresión, la investigación académica, el periodismo y las minorías, como los uigures. ¿Hasta qué punto debemos respetar esas líneas rojas? Tenemos que encontrar un equilibrio entre el respeto a la soberanía de cada país y nuestros propios valores. Es un dilema que ya existía durante la Guerra Fría. No todo se reduce al comercio y la seguridad; la democracia, los derechos humanos y la libertad de expresión también importan.
“La visión del mundo de Trump es fundamentalmente de suma cero”
Este año, Craig VanGrasstek visitó Chile para presentar su libro On Trade War, en el que analiza la historia de las guerras comerciales y la actual confrontación entre las grandes potencias. Su tesis es que el mundo ha regresado a una “antigua normalidad”, marcada por la competencia económica y política, luego de décadas excepcionales en que Estados Unidos promovió la apertura comercial como parte de su estrategia de seguridad.
“Sería un error suponer que todo esto es consecuencia de Donald Trump”, advirtió. La disputa con China, explicó, comenzó antes de su primera llegada al poder y continuaría con cualquier otro Presidente. Sin embargo, destacó que “la visión del mundo de Trump es fundamentalmente de suma cero”, aludiendo a que considera cualquier beneficio ajeno como una pérdida propia, sin distinguir entre aliados y adversarios.
Según el especialista, esa lógica explica el trato de Washington hacia sus socios tradicionales, lo cual marca una diferencia con los anteriores presidentes estadounidenses que consideraban que las alianzas fortalecían su posición económica y militar. “Cualquier beneficio que reciba un aliado es tan malo como un beneficio que reciba un adversario”, afirmó, destacando que, desde esa perspectiva de Trump, tiene sentido presionar comercialmente a la Unión Europea, sobre la cual EEUU dispone de un considerable poder de mercado; es decir, capacidad para influir en sus decisiones mediante restricciones comerciales.
En cuanto a China, VanGrasstek sostuvo que Beijing ha fortalecido su posición para enfrentar una guerra comercial. Desde mediados de la década de 2000, redujo a la mitad su exposición al comercio exterior y duplicó su poder de mercado. “China ahora tiene el doble de capacidad para librar una guerra comercial ofensivamente y es la mitad de vulnerable desde el punto de vista defensivo”, explicó. Por ello, consideró que Beijing está en mejores condiciones para resistir las presiones estadounidenses.
Por otra parte, recalcó que la confrontación entre las dos mayores economías trasciende los aranceles y se concentra crecientemente en sectores de alta tecnología. Semiconductores, inteligencia artificial, drones y tecnologías de comunicaciones adquieren una importancia estratégica porque, explicó VanGrasstek, tanto Washington como Beijing consideran que la información y la capacidad de innovación pueden resultar tan decisivas para la seguridad nacional como las propias armas.