El Grupo Errázuriz prevé comenzar la construcción de su proyecto de litio en el salar de Maricunga, en la Región de Atacama, en aproximadamente un año y medio, con una primera etapa de US$ 150 millones y una producción inicial de 5.000 toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE).
Así lo afirmó a DF el presidente del conglomerado, Francisco Javier Errázuriz Ovalle, quien estimó que la iniciativa podría estar en funcionamiento hacia 2029-2030. “Lo vamos a hacer en etapas. La primera será de US$ 150 millones, y así sucesivamente, dependiendo de cómo resulte”, señaló. Después de esa fase inicial, la capacidad irá creciendo de forma modular.
El proyecto lo desarrolla con Simbalik, un fondo de inversión con base en Singapur, a través del joint venture Simco. Según Errázuriz, la iniciativa “está funcionando y va a entrar en producción luego”, aunque advirtió que “es de los pocos proyectos que existen”.
Respecto del financiamiento, el empresario indicó que el grupo evalúa sumar un socio. “Si encontramos un buen socio, bien; si no, lo hacemos con recursos propios”, dijo.
Inicialmente este proyecto tenía otra escala. De hecho, se pensó con inversiones de US$ 600 millones y 20 mil toneladas anuales de LCE y ante ello el empresario aclaró que harán el proyecto por etapas.
Errázuriz también descartó que hayan existido conversaciones para asociarse con Codelco en Maricunga, cuenca donde la cuprera estatal tiene su propio desarrollo en alianza con la gigante Rio Tinto. “Nunca hemos tenido una propuesta”, sostuvo, y agregó que la estatal “está en sus problemas, que son mayores que un proyecto de litio”. En esa línea, recalcó que la compañía avanzará por su cuenta: “Vamos a ser independientes”.
¿Por qué no despega el litio?
Pese a los planes en Maricunga, el empresario tiene un diagnóstico pesimista sobre la industria. “El litio está perdido”, afirmó.
A su juicio, salvo algunas iniciativas muy específicas, los proyectos de litio no podrán desarrollarse en Chile con la legislación actual, que establece que el mineral es estratégico y no concesible, por lo que toda explotación debe realizarse mediante los Contratos Especiales de Operación de Litio (CEOL).
Este instrumento no es expedito porque, además del tratamiento institucional -debe contar con la autorización de la Comisión Chilena de Energía Nuclear y contar con el control de legalidad de la Contraloría General de la República- contempla una consulta indígena, la que a juicio de Errázuriz demora entre uno y dos años e implica mayores compromisos monetarios “para recién iniciar una exploración”.