El gobierno de Javier Milei en Argentina enfrenta un nuevo desafío de cara a las elecciones presidenciales del próximo año. Después de que la inflación descendiera a su menor nivel en 14 meses, al pasar de 33,8% a 33,5% interanual, el reto es impulsar el crecimiento económico.
En julio, la actividad volvió a dar señales de debilitamiento, con caídas en la construcción y la industria manufacturera. Para suplir el empleo privado de esos dos sectores, no son suficientes los avances en las áreas de energía, minería y agricultura, que continúan creciendo.
En este contexto, el presidente del Instituto de Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA) –una de las cámaras multisectoriales más importantes del país trasandino que agrupa a más de 600 empresas–, Santiago Mignone, conversó con DF para abordar la mirada que el sector privado tiene de la gestión económica de Milei y los desafíos en lo que resta de su actual mandato.
- A poco menos de tres años del inicio del gobierno de Milei, ¿cuál es su balance?
- El manejo económico sin duda sigue un rumbo acertado. Argentina, luego de muchos años de desmanejo de la macroeconomía, había entrado en un ritmo acelerado de inflación y déficit fiscal crónico, que requería de un ordenamiento de las variables macroeconómicas. Estas estaban absolutamente dislocadas.
El ataque inicial a la inflación y la búsqueda de un equilibrio fiscal que le diera más sustentabilidad a las cuentas fueron muy acertados de parte del gobierno, de la misma manera que los procesos de desregulación y de apertura al mundo con el cierre de acuerdos.
El modelo económico del gobierno ha sido un éxito en términos de estabilización de las variables macroeconómicas, aunque todavía hay un camino que recorrer. Estamos a mitad de camino de un proceso que se viene dando relativamente bien.
“El principal obstáculo de Argentina es la reconstrucción de la confianza”.
- ¿Qué sigue pendiente para el sector privado?
- El desafío más relevante es una reforma impositiva. Argentina mantiene impuestos distorsivos, que gravan a la producción en cada etapa de la cadena y eso encarece el costo de producción. Esos impuestos tienen que desaparecer, son impuestos que en el mundo prácticamente no existen o inciden muy poco, mientras que en Argentina tienen una incidencia muy importante, a nivel nacional y provincial.
- Algunos economistas sostienen que el gobierno priorizó la reducción de la inflación y el equilibrio fiscal a costa de la actividad económica, cuyas proyecciones de crecimiento para 2026 se redujeron. ¿Se descuidó el crecimiento?
- En términos macroeconómicos, Argentina va a completar su tercer año de crecimiento. No es que haya ido en contra de la actividad, sino que en este proceso de transformación hay áreas que tienen una situación más ventajosa porque son más competitivas.
Argentina es hoy una economía más abierta. Va a superar los US$ 100 mil millones de exportaciones por primera vez en la historia. La propia estabilidad del crecimiento, más algunas iniciativas de promoción, como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), han hecho que la actividad económica haya sido positiva.
Ahora, no todos los sectores responden igual. Ciertos sectores que no estaban en la misma condición de competitividad a nivel global están sufriendo más que otros. Además, hay otras variables, como el consumo, que hacen que todavía Argentina no haya encontrado su piso. La otra cara de la moneda es la reforma impositiva, porque eso permite nivelar la cancha en términos de competitividad.
- ¿Cuáles son hoy los principales obstáculos para invertir en Argentina?
- El principal obstáculo de Argentina es la reconstrucción de la confianza. Aunque tiene fundamentales económicos tan competitivos como otros países de la región, sigue con una tasa de riesgo bastante por encima del resto. Eso se llama falta de confianza.
Argentina tiene que reconstruir la confianza, cumpliendo con sus compromisos, y dejar atrás una historia de incumplimientos. El gobierno está detrás de esa lógica y esa lógica tiene que perdurar independientemente del gobierno.
“Desde el punto de vista laboral, la gran reforma que falta es la formalización del empleo”.
-¿Qué hace falta para que una recuperación de la actividad se traduzca en más empleo formal?
- La gran reforma que falta es la formalización del empleo. En Argentina hay mucha informalidad y eso debe corregirse. Por supuesto, el crecimiento del empleo se da por el crecimiento económico.
Durante este año el Parlamento aprobó una Ley de Modernización Laboral que va en el sentido correcto, porque lo que trata de hacer es evitar la judicialización laboral, que lo que genera son costos adicionales a los salariales ocasionados por conflictos judiciales, propio de la sobrerregulación.
- De cara a la elección presidencial del próximo año, ¿qué espera el empresariado del tramo final del mandato de Javier Milei?
- Esperamos que continúe con las políticas generales que viene trazando, con su política de combate a la inflación, con su política monetaria y fiscal tal como lo viene haciendo y tratando de moderar la dolarización de las carteras que, en general, en Argentina se produjo en los años electorales.