Minería: seguir creando valor en tiempos de incertidumbre
Por Francisca Silva, psicóloga organizacional, fundadora de Lumik Lab y líder de desarrollo de talento y cultura en la industria minera
Hay una pregunta que escuché repetirse en lugares muy distintos: equipos de minería en plena transformación, personas buscando reencontrar el sentido de su carrera, y yo misma, en un período de incertidumbre profesional sin la estructura de un cargo: ¿qué hacemos cuando el camino deja de estar claro?
Asumimos que la incertidumbre era una interrupción antes de volver a la normalidad. Pero esa normalidad estable llega cada vez menos: se está convirtiendo en el contexto habitual en que personas y organizaciones deberán operar. El desafío ya no es eliminarla, sino crear valor dentro de ella.
Eso obliga a desarmar una confusión costosa: tratar la resiliencia como sinónimo de aguante. El diccionario, al hablar de seres vivos, la define como adaptación. No es un talento: es una capacidad que se aprende y se entrena. Tras adaptarnos a un cambio, no volvemos iguales, y eso es la norma: ninguna vida es lineal, tiene altos, bajos, curvas y cumbres. La neuroplasticidad lo confirma: el cerebro conserva la capacidad de formar nuevas conexiones. No estamos hechos para permanecer iguales, sino para reconfigurarnos.
Ningún sector ilustra mejor este desafío en Chile que la minería: nuevas tecnologías redefinen cómo se opera, la descarbonización, el agua y la energía reordenan prioridades, y las culturas de trabajo cambian. Es laboratorio de crear valor con el terreno en movimiento, útil para cualquier organización.
Liderar en lo incierto ya no es tener todas las respuestas -nadie las tiene-, sino crear condiciones para que los equipos aprendan, colaboren y experimenten. La creatividad deja de ser decorativa y se revela como capacidad estratégica para imaginar posibilidades sin respuesta evidente. El design thinking la vuelve método: comprender, preguntar mejor, prototipar en pequeño y aprender colaborativamente. No se innova con el mapa; se innova porque no se tiene.
Nada de esto se entrena en soledad: las redes de apoyo y la confianza fortalecen la capacidad de atravesar el cambio. La minería lo sabe mejor que muchas industrias: nadie opera solo; rendimiento y seguridad dependen de la cuadrilla. La resiliencia es deporte de equipo, no épica individual.
El futuro no se espera ni se predice, se diseña. El desafío no es recuperar la certeza perdida, sino desarrollar personas y organizaciones capaces de aprender, colaborar y construir sentido cuando el mapa no existe. La respuesta no es el camino de antes: es caminar de otra manera.
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