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DF Conexión a China | Yuan digital, un misil al atlanticismo

ANDREAS PIEROTIC Ex Agregado Comercial de Chile en Beijing

Por: ANDREAS PIEROTIC | Publicado: Martes 13 de abril de 2021 a las 04:00 hrs.
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ANDREAS PIEROTIC

El secreto a voces en Beijing fue confirmado la semana pasada: se cancelará paulatinamente cada Yuan físico (billetes y monedas) que circula en la economía china, por un Yuan digitalmente único, esto es, infalsificable, emitido por su banco central. Sin aspavientos, se anunció así un cambio de paradigma en el mundo como lo conocemos. En al menos dos sentidos: abriendo el horizonte de imaginación para todo Estado que quiera tener la capacidad de maniobrar con precisión quirúrgica sus problemas micro y macroeconómicos; y haciendo asomar un sistema paralelo al del Swift, que domina desde 1977.

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La FED se quedó atónita y la prensa en Washington lo tomó como un nuevo misil contra el atlanticismo, con Estados Unidos y Europa como pináculos del orden moderno.

No es para menos: la nueva moneda digital deja a la intemperie la competitividad que, sin más, se mete en el bolsillo China en el siglo XXI, estrenando un nuevo rol del Estado moderno asiático en relación a la tecnología. A nivel nacional, todas las transacciones monetarias podrán ser rastreadas en tiempo real a través de una app en el smartphone, modificando de golpe el característico anonimato descentralizado de las criptomonedas, hacia uno de “anonimato controlado” con pleno respaldo fiscal. A nivel internacional, pronto veremos nacer un sistema paralelo de transacciones de moneda digital con aquellos que quieran (los EAU, Tailandia, y Hong Kong en la lista), hiriendo la capacidad estadounidense de vetar a individuos e instituciones del sistema financiero internacional.

Imaginemos ahora un peso chileno digital. ¿Facilitaría cumplir la meta de inflación del Banco Central? ¿Podría estimularse el consumo con emisiones digitales especiales con términos de expiración? ¿Bajarían los costos para el comercio exterior? ¿Cómo sería el combate a la pobreza en Chile si el Estado pudiera identificar en tiempo real el gasto de los más pobres y hacerles transferencias directas instantáneas? ¿O permitir la ayuda económica inmediata ante un terremoto? Imaginemos un nuevo nivel de accountability al que serían sometidos nuestros funcionarios públicos, alcaldes y gobierno regionales en la ejecución de sus presupuestos y programas, ¿o la herramienta sin igual que sería para atajar la evasión fiscal, el narcotráfico, el financiamiento ilegal de la política y el enriquecimiento ilícito?

El uso asfixiante que un gobierno asiático puede hacer de la digitalización y el big data no debe obstar a que Chile, un Estado democrático de derecho, logre imaginar una nueva institucionalidad para la tecnología y la efectividad gubernamental. No comenzar a trazar un camino propio, equivale ante el anuncio de China, a quedarse peleando por la sobrevivencia artificial de un atlanticismo que aceleradamente se torna en un inmenso fósil donde alguna vez, es cierto, estuvieron los secretos de la gobernanza moderna.

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