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¿Brexit: sería tan terrible?

Rafael Ariztía Socio MFO Advisors

Por: Rafael Ariztía | Publicado: Miércoles 11 de mayo de 2016 a las 04:00 hrs.
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El consenso indica que un Brexit sería una terrible noticia para todos. Terrible para los ingleses que verían su economía disminuida, terrible para Europa que perdería uno de sus miembros más importantes y terrible para los mercados, que sufrirían altos niveles de volatilidad.

¿Y sería tan terrible? Sin duda el tema es altamente complejo y de darse un Brexit se generá un alto nivel de volatilidad en los mercados. Y sin duda sería terrible para la burocracia europea. Pero la pregunta interesante es cuál será el efecto de largo plazo… ¿Y cuál es la alternativa?

Partamos por la alternativa. Quedarse en la Unión Europea significa mantener la dirección de ese proyecto, con sus pros y contras. La UE surgió como respuesta a los terribles enfrentamientos que Europa vivió durante el siglo XX. El racional fue que una mayor integración política y económica de los países haría más improbable que los enfrentamientos se repitieran en el futuro. Y en ese sentido, el proyecto ha sido exitoso. Pero la pregunta que hay que hacerse es si la ruta de integración política y económica por la que avanza Europa es viable hacia adelante. Mi opinión es que no lo es.

La integración política de Europa exige cesiones de soberanía, que sospecho los ciudadanos europeos serán cada día vez más reacios de hacer. Cuando hoy las personas exigen cada vez más cercanía y transparencia de sus líderes, resulta contra natura la existencia de un supra-gobierno basado en Bruselas que dicta reglas para toda la Unión, con muy bajo accountability. Por su parte la integración económica en base a una moneda común pero políticas fiscales independientes es un híbrido imperfecto que ha demostrado ser muy severo con los países menos productivos o menos responsables. Cuando se entrega la soberanía monetaria, los países pierden la opción de volverse más pobres via devaluación de su moneda, lo que implica que los ajustes económicos se hacen vía precios y menor crecimiento, lo que es muy doloroso y difícil de administrar. Sin duda el euro significó una gran bonanza para Europa en los años buenos, pero para ser sustentable, el arreglo tiene que permitir superar los años malos… y es ahí donde está la falla. El surgimiento de grupos extremos y la polarización en el debate son sólo la consecuencia de una situación de integración que claramente no está en equilibrio.

Pero volvamos al Brexit. ¿Cuál es el costo de salirse? Los opositores auguran un gran impacto económico que algunos calculan en hasta un 9,5% del producto al 2030. El gobierno británico lo ha estimado en un 6,2% a la misma fecha. Sin embargo, como lo señala un reciente artículo del Economist, la historia demuestra que el producto per cápita británico ha crecido en forma bastante pareja en periodos largos de tiempo, y así como la incorporación a la Unión Europea no significó un aumento del crecimiento, en el mediano plazo una salida no debiera tener un costo siginificativo. Y esto es bastante lógico. Al final del día el crecimiento de un país es función del crecimiento de su productividad y de su capacidad de comerciar con otros países. Quienes comercian con el Reino Unido lo hacen porque les conviene, y lo seguiran haciendo aun si sale de la Unión, pero quizás a un costo levemente mayor. Finalmente, dado que el Reino Unido tuvo la sensatez de mantenerse fuera del euro, no puede argumentarse que la moneda común sea un impedimento.

Por último, están los costos políticos y de influencia. El debate aquí es si el Reino Unido gana más negociando sólo o como parte de Europa. Sin duda que salirse de la Unión implicaría una menor influencia en las materias europeas, pero no es tan claro que implique una peor posición negociadora frente a terceros, porque si bien “pesa menos”, puede elegir libremente sus prioridades.

Así, si bien el Brexit tendría costos particularmente de corto plazo, no es tan claro que en el largo plazo sean significativos. Pero no basta que los costos sean bajos. La pregunta relevante es ¿cuál podría ser el beneficio de salirse? Recuperar soberanía, autodeterminación, y evitar pagar por su membresía suena como lo obvio, que no es poco. Pero paradójicamente creo que el mayor beneficiado podría no ser el Reino Unido. Porque es quizás un Brexit lo que la Unión Europea necesita para retomar el camino de una integración más razonable. Donde se privilegie la coordinación comercial y la promoción de comercio, pero se mantengan las soberanías individuales de cada país y el derecho de cada uno para tomar buenas, o malas, decisiones, y asumir los costos respectivos.

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