Transición energética, el desafío no es solo generar
CATALINA BINDER CONSEJERA DEL CONSEJO DE POLÍTICAS DE INFRAESTRUCTURA (CPI)
Chile ha avanzado aceleradamente en generación renovable. El próximo desafío es menos visible, pero probablemente más complejo: contar oportunamente con la infraestructura que permita transportar, almacenar y gestionar esa energía.
La licitación abierta por el Coordinador Eléctrico Nacional es una buena señal. Para 19 nuevas obras de transmisión, que representan inversiones superiores a US$ 500 millones, se recibieron 48 ofertas técnicas de nueve proponentes. Dos iniciativas no recibieron ofertas.
La cifra refleja interés privado y competencia. Pero también invita a una reflexión más amplia.
La transición energética no se juega solamente en las metas de descarbonización ni en cuántos MW renovables instalamos. Se juega, cada vez más, en nuestra capacidad institucional y contractual para transformar planificación en infraestructura efectivamente construida.
“Chile tiene condiciones extraordinarias para profundizar su transformación energética. Pero la ventaja en recursos naturales no garantiza por sí sola el éxito”.
Y allí aparecen desafíos conocidos por quienes trabajamos en grandes proyectos: permisos, servidumbres, relacionamiento territorial, disponibilidad de equipos críticos, financiamiento, interfaces entre proyectos y distribución contractual de riesgos.
La International Energy Agency advierte precisamente que la expansión mundial de las redes está enfrentando mayores precios y plazos de suministro de componentes críticos y recomienda planificación anticipada, marcos de contratación eficaces y mayor coordinación de las cadenas de suministro.
Esto tiene una consecuencia jurídica y económica importante para el país: no basta con licitar más infraestructura. Debemos licitarla mejor.
Los contratos destinados a materializar la transición energética debieran asignar cada riesgo a quien efectivamente pueda administrarlo; prever mecanismos ágiles para gestionar cambios y contingencias; incorporar sistemas de alerta y resolución temprana de controversias y generar incentivos compatibles con el cumplimiento del objetivo común: poner la infraestructura en servicio oportunamente.
La experiencia internacional también comienza a avanzar hacia modelos más integrados. En Australia, por ejemplo, para grandes proyectos de transmisión se han utilizado procesos competitivos para incorporar development partners que participan desde etapas tempranas aportando capacidad de desarrollo, construcción, financiamiento y operación.
Chile tiene condiciones extraordinarias para profundizar su transformación energética. Pero la ventaja en recursos naturales no garantiza por sí sola el éxito.
La próxima frontera de la transición será la capacidad de ejecución.
Eso exige regulación y planificación, pero también ingeniería, buenos contratos, instituciones capaces de decidir oportunamente y una relación público-privada que entienda que gestionar adecuadamente los riesgos no significa trasladarlos, sino crear las condiciones para que los proyectos se construyan.
La infraestructura energética que planificamos hoy determinará la competitividad de Chile durante las próximas décadas.