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Columnistas

Infraestructura hídrica: el antídoto contra el estancamiento

CARLOS CRUZ LORENZEN Director ejecutivo Consejo de Políticas de Infraestructura

Por: CARLOS CRUZ

Publicado: Lunes 8 de junio de 2026 a las 04:03 hrs.

Uno de los aspectos más relevantes del discurso presidencial fue la ratificación de avanzar en las ampliaciones de los puertos de San Antonio y Valparaíso, junto con el reconocimiento explícito del sector agrícola como “pilar estratégico para el desarrollo nacional”. Una señal que el sector esperaba y que, esta vez, merece ser tomada en serio con acciones concretas.

En el mediano plazo, no existe alternativa más sólida que apostar decididamente por lo que sabemos hacer y podemos vender al mundo. Esa es la vía real para crecer, generar empleo de calidad en regiones y obtener los recursos adicionales que el Estado necesita para sostener tanto la inversión pública como el gasto social, hoy amenazados por eventuales recortes. Chile necesita ingresos genuinos y sostenibles, y la agricultura tiene todo lo necesario para proveerlos con creces.

El sector reúne condiciones verdaderamente excepcionales: tierra disponible en abundancia, mano de obra en regiones, clima mediterráneo reconocido mundialmente, empresas con estándares modernos y competitivos, vinculación científica con universidades de primer nivel y mercados consolidados en los cinco continentes. Podríamos doblar la superficie cultivada si contáramos con agua suficiente, un recurso cada vez más escaso por la crisis climática y la prioridad que corresponde asignar al consumo humano. Pero esto no debería ser un obstáculo insuperable si se adoptan con decisión las políticas públicas adecuadas. El Presidente Kast lo insinúa en su discurso y el ministro del ramo lo ratifica: embalses grandes donde se justifique, embalses menores para la gestión de cuencas, recarga de acuíferos, reúso de aguas tratadas y desalinización cuando las demás alternativas resulten insuficientes.

“Apoyar a la agricultura desde la infraestructura de riego -para incentivar la inversión privada, absorber mano de obra en regiones y aumentar la recaudación fiscal- debiera ser el primer paso concreto en la tarea urgente de recuperar nuestra capacidad de crecimiento”.

Este esfuerzo colectivo parte de un reconocimiento inevitable: el agua es un bien escaso, con costos reales de producción y distribución que hay que incorporar a los modelos de negocio y a la política pública. Ya no es posible seguir tratándola como un recurso de acceso ilimitado y gratuito. Las inversiones necesarias superan la capacidad fiscal del Estado, por lo que la participación privada resulta indispensable, siempre que se garantice una remuneración razonable en plazos definidos. El MOP y su Dirección General de Concesiones cuentan con instrumentos probados y variados para facilitar esa participación: aportes desde la plusvalía del suelo al incorporar riego, seguros de ingreso mínimo para proveedores del recurso, organización de productores para tecnificar cultivos de alta productividad y mecanismos tarifarios diversificados. La coordinación efectiva entre los ministerios de Agricultura, Obras Públicas y Hacienda es, en este marco, absolutamente imprescindible.

Apoyar a la agricultura desde la infraestructura de riego -para incentivar la inversión privada, absorber mano de obra en regiones y aumentar la recaudación fiscal- debiera ser el primer paso concreto en la tarea urgente de recuperar nuestra capacidad de crecimiento. Un Estado comprometido con esa agenda será el mejor antídoto contra el ánimo derrotista que hoy nos embarga.

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