Menos donde más se necesita
ALEJANDRA CANESSA B. gerenta general protectora de la infancia
Sabemos hace años que Chile invierte menos en sus niños más pequeños que en sus estudiantes universitarios. Pero antes de preguntarnos si el país debe destinar más recursos a la educación parvularia, hay una pregunta más urgente: ¿estamos distribuyendo bien los recursos que ya tenemos, allí donde las familias más los necesitan?
Dos policy briefs del Banco Mundial, presentados en julio en un seminario de la Universidad Católica, volvieron a poner cifras sobre una realidad conocida por quienes trabajan en primera infancia. Los jardines infantiles Vía Transferencia de Fondos (VTF) administrados por municipios y fundaciones sin fines de lucro, donde asisten cerca de 95 mil niños, en su mayoría de familias vulnerables, reciben una subvención considerablemente menor por párvulo que los establecimientos de administración directa de Junji o Fundación Integra. Mientras el Estado destina cerca de $ 250 mil mensuales por niño en un jardín VTF, en uno de administración directa invierte poco más de $ 429 mil. Niños con necesidades similares, pero con un financiamiento muy distinto. Y esta brecha, sin embargo, es solo una parte del problema. Lo agrava también la forma en cómo se determina, mes a mes, cuánto recibe cada jardín.
Hoy el financiamiento depende principalmente de la asistencia diaria. Incentivar que los niños asistan es razonable y forma parte del trabajo de cualquier sostenedor. Lo complejo es que la fórmula trata del mismo modo situaciones completamente distintas. Un jardín pierde recursos cuando un niño falta por enfermedad y también cuando deja de asistir por otras razones. En ambos casos el descuento es el mismo, aun cuando el establecimiento no tenga cómo evitar muchas de esas ausencias.
“Un jardín pierde recursos cuando un niño falta por enfermedad y también cuando deja de asistir por otras razones. En ambos casos el descuento es el mismo, aun cuando el establecimiento no tenga cómo evitar muchas de esas ausencias”.
Un mejor diseño de financiamiento debiera reconocer esa diferencia. Debiera incentivar la asistencia y la permanencia de los niños, sin trasladar automáticamente a los jardines el costo de circunstancias que escapan a su gestión. En la práctica, esa incertidumbre dificulta sostener equipos, planificar y ofrecer continuidad a las familias.
El propio Estado ya reconoció esta limitación. La reforma a la Ley de Educación Pública, aprobada este año, reemplazará el pago por asistencia por un financiamiento basal para los jardines VTF que se incorporen a los nuevos Servicios Locales de Educación Pública. Es un avance importante, aunque alcanzará solo a una parte del sistema. Más de la mitad de los jardines VTF -los administrados por municipios y fundaciones sin fines de lucro- continuará financiándose bajo el mecanismo actual.
Estamos hablando de niños que tienen las mismas necesidades de cuidado, aprendizaje y desarrollo, pero que reciben un financiamiento distinto según quién administre el jardín infantil al que asisten. Esa no debiera ser la forma en que un país decide cuánto invertir en su primera infancia.
Chile ya reconoció que el diseño del financiamiento requería cambios y dio un primer paso. Ahora corresponde completar esa tarea. Mientras dos niños con las mismas necesidades sigan recibiendo recursos distintos según el jardín infantil al que asisten, el desafío no será solo cuánto invertimos. También será asegurar que esos recursos lleguen con criterios de equidad, allí donde más se necesitan.