El 20 de julio los abogados Diego Peña, Mauricio Halpern y Claudio Sepúlveda aterrizaron en el estudio O’SP Legal. Los tres venían de DLA Piper y los dos primeros eran socios del bufete. Antes, en abril, abandonó la misma firma Amory Heine, la socia líder tributaria de DLA, para irse a Cuatrecasas. Y a fines del año pasado se fue otro socio: Marco Salgado. En total, en ocho meses, cuatro de los siete socios “antiguos” dejaron la firma.
DLA Piper es una firma global con presencia en más de 40 países. Nació en 2005 tras la fusión de varios estudios internacionales y desembarcó en Chile en diciembre de 2016 con un acuerdo de colaboración institucional con el estudio Bahamondez, Álvarez & Zegers (BAZ) para comenzar a operar bajo la marca BAZ/DLA Piper.
Luego, en 2018, se fusionó con Noguera Larraín & Dulanto (NLD) y pasó a llamarse DLA Piper BAZ|NLD. La firma resultante quedó con 11 socios y cerca de 50 abogados. Con esto, dijeron voces en su momento, quedaron entre los cinco estudios más grandes de Santiago.
Pero tres años después, NLD Abogados volvió a operar bajo su propio nombre, con la salida de Paulo Larraín y José Pablo Dulanto. Mientras tanto, Diego Noguera se quedó en DLA.
Del núcleo original quedaron los socios Matías Zegers (managing partner), Rodrigo Álvarez (tributario/inmobiliario), Felipe Bahamondez (derecho público, energía, telecom), Diego Noguera, Marco Salgado (M&A), Mauricio Halpern (banca y finanzas), Amory Heine (tributario), Luis Parada (laboral) y Diego Peña (energía/proyectos/life sciences). En el camino se sumaron como socios Jorge Timmermann, Francisca Franzani, Josefa Larraín, Tomás Correa, Macarena Gatica e Ignacio Delpino.
Hasta 2024, la operación local funcionaba como una franquicia, con abogados chilenos y una operación que se regía por reglas locales. A partir del 1 de enero de 2025, eso cambió: comenzó a regir la integración total con el estudio estadounidense con la toma de control de la oficina central. Esto no ocurrió en otras oficinas donde la firma está presente, como Perú y Argentina. Sí ocurre así en DLA Piper Mexico.
La internacionalización implicó varios cambios, desde el cambio de computadores, sistemas y casillas de email, hasta la incorporación de nuevas métricas y exigencias de productividad bajo el estándar americano.
Un conocedor lo explica así: “Es un sistema muy estricto donde las horas trabajadas, la producción, es alta, con una retribución muy buena si logras cumplir con esas metas”.
Rápidamente comenzaron los roces, dado que el nuevo sistema -que rige en plenitud desde este año- es diferente al que operaban en la firma local. Y así, además, comenzaron a migrar los socios a otros estudios.
Pero más allá de las salidas, lo más simbólico se produjo en febrero, cuando la firma nombró a la socia Francisca Franzani co-managing partner, cargo que históricamente había ocupado Matías Zegers. Y a partir de mayo, ella quedó con la totalidad del puesto, secundada por Jorge Timmermann como deputy managing partner, desde junio.
Si bien hay quienes dicen que el cambio de socio administrador es algo común en el sistema norteamericano, el movimiento generó ruido tanto interna como externamente en el mundo legal chileno, donde eso raramente ocurre. Muchos leyeron este cambio como un cuestionamiento a Zegers, que existía un desgaste natural luego de tantos años al mando del estudio y que su método de trabajo chocaba con las nuevas exigencias del bufete.
Si bien la operación diaria sigue en manos chilenas, hay dos representantes de la matriz que suelen visitar Chile: Francisco Cerezos, socio de la oficina de Miami, y Reed Chesly, global managing partner. En lo que va del año, han venido al menos cuatro veces.
El mensaje de fondo, según testigos, es de exigencia y agresividad en el sentido de contratar nuevos socios y crecer. Por lo mismo, según conocedores la firma está evaluando alternativas para aumentar su presencia en Chile, que van desde absorber otra oficina, hasta la contratación de laterales (socios de un área con sus equipos).