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Rodrigo Aravena

Crecimiento 2026: shocks transitorios, con desafíos estructurales

RODRIGO ARAVENA GONZÁLEZ Economista Jefe Banco de Chile

Por: Rodrigo Aravena

Publicado: Lunes 19 de octubre de 2026 a las 04:03 hrs.

Rodrigo Aravena

Rodrigo Aravena

Es inusual que las perspectivas de crecimiento se deterioren tan abruptamente como este año. Según la Encuesta de Expectativas Económicas del Banco Central, la proyección para 2026 cayó desde 2,5% en enero hasta apenas 0,2% en la encuesta de octubre. Una corrección de tal magnitud, en ese período, solo ha sido superada en entornos marcados por shocks globales, como la crisis financiera de 2009 y la pandemia de 2020. Esta caída se asemeja a la de 2014, año marcado por reformas y discusiones estructurales en el país. Esto obliga a preguntarse qué explica este deterioro, más aún considerando la ausencia de crisis externas y el creciente desacople con el resto del mundo.

Una lectura más detenida sugiere que el deterioro de las expectativas de 2026 no responde principalmente a una pérdida permanente de capacidad de crecimiento, sino a la acumulación de factores que debieran tener un efecto transitorio. El primero es la pérdida de poder adquisitivo de los hogares, asociada al aumento de la inflación por el encarecimiento de la energía. Si el precio del petróleo converge hacia niveles cercanos al consenso de mercado, con el Brent bajo los US$ 80 por barril, la inflación podría retroceder cerca de 1,5 puntos porcentuales en 2027, abriendo espacio para una recuperación gradual del consumo.

A ello se suma la debilidad de algunos sectores de oferta, especialmente la minería. Si bien la menor ley del mineral explica parte de su rezago frente al resto de la economía, parece difícil sostener que el nivel alcanzado por el Imacec minero en agosto (el más bajo desde mediados de los ‘90) represente una nueva normalidad. De hecho, el aumento de los proyectos de inversión minera informado por la Corporación de Bienes de Capital apunta en la dirección contraria, al mitigar, al menos parcialmente, los efectos de la menor ley.

“¿Por qué recuperar el 3% y no aspirar al 4%? La respuesta es que persisten obstáculos estructurales relevantes, como el deterioro del mercado laboral”.

Un tercer elemento, particularmente relevante, es la política fiscal. Este año el gasto público ha registrado un ajuste significativo en su ritmo de expansión, tras acumular un crecimiento real de 1,0% a agosto, muy por debajo de años previos. Hacia adelante, no solo parece poco probable observar nuevas reducciones relevantes en la tasa de crecimiento del gasto, sino que además deberían sumarse, gradualmente, efectos positivos asociados a la implementación de la Ley de Reconstrucción. La normalización de estos factores permite pensar que la economía podría acercarse, e incluso superar, un crecimiento de 3% en 2027 y, bajo ciertos supuestos, también en 2028.

Pero surge una segunda pregunta, tanto o más importante: ¿por qué recuperar el 3% y no aspirar al 4%? La respuesta es que, detrás de la debilidad coyuntural, persisten obstáculos estructurales relevantes, como el deterioro del mercado laboral. Existe amplio consenso sobre el papel que ha tenido el aumento de los costos laborales unitarios, explicado por la aceleración de los salarios junto con la reducción de las horas trabajadas, por lo que un mayor crecimiento, por sí solo, difícilmente resolverá el problema del empleo. De ahí que medidas estructurales orientadas a reducir costos y aumentar la flexibilidad, entre otros, deban formar parte de la discusión pública, especialmente si se considera que la productividad lleva más de una década prácticamente estancada. La buena noticia, sin embargo, es que existe un creciente consenso sobre la urgencia de abordar estos desafíos en las próximas discusiones estructurales en el país.

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