"No importa si conociste a Sebastián cinco minutos o toda la vida. La impresión que te llevabas de él era siempre la misma: un tipazo encantador, atento, sensible, inteligente y guapo. Por eso las cientos de fotos que aparecen en todas partes ahora, de cariño y admiración por el Seba, el Cebra, el Lelio. Es cariño genuino, no solo de una librería que visitó en Antofagasta o de un sonidista que conoció filmando en Londres. Sebastián era insoportablemente perfecto, porque además de todo esas cualidades, por si fuera poco, era un artista completo, talentoso y autoconsciente, muy atento en no ahogarse en narcisismos como tantos tontos se ahogan. Y por eso, encima de todo eso, por si fuera poco, jugaba muy bien al racquetball y el ajedrez.
Nos conocimos el 2005, cuando me invitó a ver un corte de “La Sagrada Familia”, una película que filmó en tres días y demoró casi dos años en editar. Lo que vimos en ese momento en una pantalla de computador de su departamento en Providencia, nos dejó impresionados con Carmen Luz (Parot, su esposa, documentalista), tanto que salimos dando aplausos. Yo en esa época era crítico de cine y un incipiente guionista de televisión, pero con mucho ánimo de escribir películas. Nos hicimos amigos en el estreno en el Festival de Valdivia de ese año, que daría inicio a lo que con Ascanio Cavallo llamaríamos posteriormente el Novísimo Cine Chileno. Sebastián era entonces el más novísimo de todos. Me contó que tenía ganas de hacer una película sobre tres adolescentes que pasan juntos la noche de Navidad. Las películas de Navidad son mis películas favoritas, le dije al pasar. A la vuelta de Santiago, nos juntábamos tres veces a la semana a jugar racquetball, el único deporte que alguna vez practiqué y pensé que podía dominar. Sebastián nunca lo había practicado. Cada vez que jugamos, todas las veces, siempre me ganó. Yo me picaba y lo insultaba. Él se reía de mí. Él me confesó que estaba pasándola mal tratando de escribir la película de Navidad, que qué sentido tenía escribir guiones si luego el cine se hace sin reglas frente a una cámara. Le parecía que los guiones y los diálogos escritos eran teatro, no cine. Vi la oportunidad y le ofrecí un trato: quizás podía ayudarlo. Quizás podíamos juntarnos a hablar de la película que quería hacer, un mes, todos los días, y ver si podíamos trabajar juntos. Si no pasaba nada, todo bien, seguiríamos siendo amigos. Pero quizás podía pasar algo. Aceptó.

Maza y Lelio en la Berlinale, premiados por "Una mujer fantástica".
Comenzamos a trabajar así en diciembre de 2005, y por los siguientes diez años fuimos inseparables. Conversamos y conversamos y conversamos y conversamos, día tras día, y fue así, conversando, que escribimos cuatro películas en conjunto. Hablamos de cine, de amigos, de nuestras madres, de nuestros defectos, y de las películas que nos gustaban y las que no podíamos soportar. Lars von Trier era el director que más disfrutábamos admirar y odiar, él lo primero, yo lo segundo. Me gusta imaginar que juntos aprendimos a hacer cine, pero no es cierto. Yo pensaba que sabía de películas porque había visto muchas y era crítico de cine. Pero Seba me hizo que entender que ver películas y hacer películas eran tareas muy distintas. Y él me enseñó, como un profesor paciente, que se podía hacer bien una película. Eso nos propusimos, una y otra vez, cuando trabajamos. Nos queríamos y nos insultábamos. No, no es cierto. Nos queríamos y yo lo insultaba. Sebastián, como saben los que lo conocieron cinco minutos o toda la vida, era incapaz de insultar. Le parecía un gesto carente de toda elegancia, otras de sus cualidades.
Ahora que no está, y que nos miramos desconcertados y tratamos de navegar en esta desolación, recuerdo esas conversaciones sin fin tratando de responder las preguntas que nunca tienen respuesta, las del cine y la existencia humana que nos ufanábamos por tomar en serio y mirar con distancia. Hacer cine, aprendí contigo Seba, es levantar una antena desde tu cabeza que logre conectar con los sentimientos de quienes nos rodean, y transformarlos en escenas e imágenes. Eso hiciste siempre, y eso seguirán haciendo todas tus películas, por siempre”.