Estado y empresas: La deuda con la I+D
El exministro de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCI) durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera, Andrés Couve, advirtió la semana pasada que, según sus cálculos, el sector privado debe multiplicar por siete su inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) para que Chile alcance el 1% del Producto Interno Bruto (PIB), una meta que se impuso la administración anterior, y que no cumplió.
Es un diagnóstico duro, pero no es una novedad. Según un informe de Libertad y Desarrollo de junio de este año, ya se advertía que la tasa de innovación empresarial había caído de 14,1% a 10,7% en la última década, pese al despliegue de la política pública.
En los últimos años el gasto de Chile en I+D ha pasado de 0,33% del PIB en 2021, a 0,39% en 2024, según la última Encuesta Nacional de Gasto en I+D. Muy lejos del promedio que destinan los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que alcanza el 2,75% del PIB.
La OCDE estima que solo el 16,7% de las empresas chilenas introdujo innovaciones tecnológicas entre 2019 y 2020, frente al 35% en el resto del bloque.
La gran diferencia de Chile respecto de los países que lideran el gasto en esta materia, como Israel (6,35%), Corea del Sur (4,96%), China (3,98%) o Estados Unidos (3,45%), es que cuentan con incentivos, programas y reglas claras para los privados y la academia, y que la proporción del gasto privado es superior al del Estado.
Chile cuenta con una institucionalidad como la Corfo y una Ley de Incentivo Tributario a la I+D, que permite un beneficio tributario acumulado de hasta el 52,55% del monto invertido en investigación y desarrollo, pero que pocas empresas usan (780 en 2025). Por ello Couve llama a actualizar la regulación, simplificando su tramitación y aumentando los topes a la inversión. Hay una oportunidad para hacerlo. El Ministerio de Economía incluyó en su agenda legislativa la revisión de los incentivos tributarios a la I+D. El desafío no es solo ampliar el beneficio, sino que resolver por qué se usa tan poco.
Pero esta no es la única barrera. La OCDE, según su informe Economic Surveys Chile, 2025, estima que solo el 16,7% de las empresas chilenas introdujo innovaciones tecnológicas entre 2019 y 2020, frente al 35% en el resto del bloque. El organismo atribuye parte de esa brecha a una carga regulatoria comparativamente alta —permisos sectoriales complejos y de larga duración— y a una colaboración empresa-universidad que sigue siendo baja, y recomienda fortalecer la competencia para generar un entorno más dinámico.
Multiplicar por siete la inversión, como plantea el exministro Couve, ocurrirá cuando el sector privado entienda que financiar la I+D es estratégico para las empresas, porque les permitirá elevar la competitividad, la productividad y generar nuevos servicios y negocios. También es necesario que las universidades y las compañías trabajen en conjunto para llevar la investigación al mercado, y que el Estado establezca marcos e incentivos que faciliten que esto se materialice. Solo así Chile avanzará en crecimiento y desarrollo.
Instagram
Facebook
LinkedIn
YouTube
TikTok