Vaca Muerta: Oportunidades para Chile
La integración energética con Argentina ofrece a Chile una oportunidad que trasciende el abastecimiento de gas natural. La hoja de ruta recientemente impulsada por el Ministerio de Energía apunta a utilizar infraestructura chilena para proyectar parte de la producción de Vaca Muerta hacia el Pacífico, además de avanzar en interconexiones eléctricas que permitan aprovechar excedentes renovables nacionales y facilitar inversiones a ambos lados de la cordillera. Si esa estrategia logra materializarse, Chile podría convertir su ubicación geográfica y su infraestructura en una plataforma energética regional.
Hace algunas semanas, una nueva evaluación técnica situó en 30.170 millones de barriles los recursos remanentes técnicamente recuperables de petróleo de Vaca Muerta, un 89% más que la estimación realizada en 2013 por la Administración de Información Energética de Estados Unidos. Entre enero y mayo de 2026, además, las exportaciones desde el yacimiento prácticamente se duplicaron frente al mismo período del año pasado.
Chile puede capturar parte del valor generado por esa expansión. El gobierno ha planteado estudiar la factibilidad de utilizar infraestructura en el Biobío para exportar gas argentino hacia mercados internacionales. No existe todavía un proyecto aprobado, por lo que hablar de un corredor energético consolidado sería prematuro, pero precisamente por ello la etapa actual es decisiva.
Chile podría convertir su ubicación geográfica y su infraestructura en una plataforma energética regional.
Argentina, además, avanza en alternativas propias de exportación y durante este año ha comenzado a reorganizar su sistema de transporte de gas en torno al crecimiento de la Cuenca Neuquina. Chile enfrenta, por tanto, una ventana de oportunidad, pero aprovecharla requiere algo más que infraestructura competitiva y rapidez de ejecución. La experiencia de los recortes de gas argentino de hace dos décadas dejó una lección que no debiera ignorarse: las inversiones energéticas de largo plazo necesitan reglas capaces de resistir cambios de ciclo económico y político a ambos lados de la cordillera.
Chile deberá ofrecer estabilidad regulatoria y condiciones atractivas para invertir, pero una integración más profunda también requerirá acuerdos, contratos y mecanismos institucionales que otorguen suficiente certeza sobre el cumplimiento de los contratos que implementen la cooperación energética entre ambos países.
La complementariedad no se limita al gas. El norte de Chile dispone de abundante generación solar, pero una parte de esa energía no logra ser aprovechada debido a restricciones de transmisión, almacenamiento y flexibilidad. Una mayor interconexión con Argentina podría ampliar el mercado para esos excedentes.
En ese esquema, el gas de Vaca Muerta puede cumplir un papel complementario, ya que una matriz renovable requiere recursos flexibles y de respaldo cuando esas fuentes reducen su generación.
La estrategia del Ministerio de Energía apunta correctamente en esa dirección, pero deberá traducirse en proyectos, plazos y reglas de acceso, junto con un marco bilateral suficientemente sólido para sostener inversiones de largo plazo. La experiencia de comienzos de este siglo demostró que la integración energética no puede descansar únicamente en la abundancia del recurso ni en contratos comerciales, sino que requiere mecanismos capaces de dar previsibilidad también frente a cambios de política interna.
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