Las cifras del mercado laboral siguen sin dar tregua y en lo más reciente el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informó que en el trimestre julio-septiembre de 2026 la tasa de desempleo llegó a 9,8%, y ya hay un millón de personas desocupadas a lo largo del país. Del boletín, además, se desprende que la informalidad alcanza 26,4%, lo que no hace más que refrendar la crisis laboral que vive el país.
En ese contexto, el Centro Latinoamericano de Políticas Económicas y Sociales de la Pontificia Universidad Católica (Clapes UC) elaboró un documento de trabajo en que analiza el perfil de los trabajadores que se ven afectados en cada crisis económica y laboral, tomando como referencia lo ocurrido en 2008, con la crisis subprime, 2020, con la pandemia, y en 2026, con un millón de desempleados.
De acuerdo al documento, en los tres momentos siempre los más afectados son los trabajadores con menos educación, pero en cada una se les afecta desde distintos ángulos.
Además, el informe asegura que es prematuro atribuir lo ocurrido en la actualidad a la irrupción de la inteligencia artificial, aunque la evidencia inicial es compatible con la menor creación de plazas en sectores ligados al conocimiento.
La crisis subprime de 2008
A la luz de los datos, en este período los empleos que más se perdieron fueron principalmente manuales e industriales, en las categorías de conductores, artesanos y operarios. También lo hicieron los trabajadores de oficina, los gerentes y administradores y los obreros y jornaleros.
En este caso, sostiene el informe, los sectores golpeados fueron sobre todo empleos que en general requieren menor nivel educativo, mientras que los profesionales y técnicos no perdieron empleo por sobre su tendencia. En ese sentido, hay una similitud con lo ocurrido en la pandemia, pero la diferencia está dada por la presencialidad.
La pandemia de 2020
El informe sostiene que en la pandemia las ramas más afectadas fueron las de trabajo presencial y contacto directo, como artes y entretenimiento, alojamiento y comidas, hogares como empleadores y construcción. En contraste, las actividades financieras, la electricidad y el agua aumentaron su empleo por sobre su tendencia.
En detalle, el grupo más afectado fue el de técnicos de nivel superior y las mujeres universitarias, quienes, en algunos casos, además de perder su empleo, salieron de la fuerza de trabajo. Para entender por qué los técnicos superiores sufrieron tanto, el informe plantea tres hipótesis: la primera la presencialidad, dado que esos trabajos se concentran en apoyo técnico, comercio y servicios, por ejemplo. La segunda, es que los técnicos siguieron buscando empleo, a diferencia de trabajadores de menor educación que derechamente salieron de la fuerza de trabajo. Y la tercera es el efecto base de comparación, dado que a 2020 había casi un 8% más de técnicos desocupados que previo a la crisis.
El millón de desempleados de 2026
Si en 2008 el shock fue financiero y en 2020 sanitario, el shock de 2026 por ahora sigue sin tener una etiqueta, pues responde a un patrón distinto. El momento actual está atravesado por un bajo crecimiento y la destrucción del empleo formal, por lo que se podrían distinguir dos grupos con afectación: uno, vinculado con la falta de creación de empleo en el que entran los trabajadores pertenecientes a ramas de conocimiento, como información y comunicaciones, manufactura, minería, administración pública y enseñanza. Y el segundo, relacionado a trabajadores con menor educación que ven destruido su puesto formal y pasan a ser desocupados.
De ese segundo grupo, los más afectados son quienes cuentan con educación primaria o menos y secundaria, y particularmente, las mujeres con educación primaria o menos. “Hoy día la crisis es un poco más compleja, porque tiene problemas cíclicos que tienen que ver con la inversión, con que el país tiene muy poco crecimiento económico, pero también es estructural porque no se están creando empleos. El desempleo está durando muchísimo, hace más de 40 meses la desocupación está por sobre el 8%”, indica la investigadora de Clapes, Ignacia Méndez, quien es coautora del informe junto al coordinador macroeconómico del Centro, Hermann González.
Medidas
Como las tres crisis no afectan al mismo grupo de la misma manera, los autores sostienen que las medidas deben ser distintas según cada ocasión.
Por una parte, los instrumentos de protección del empleo deben seguir focalizados en los trabajadores con menor educación, y en particular en las mujeres, “porque son el grupo afectado de forma más constante en todas las crisis”. Asimismo, indican, dado que las crisis no se repiten de la misma manera, las políticas de reconversión y capacitación deben diseñarse según el diagnóstico de cada episodio y no a partir de la experiencia de la crisis anterior. Ahora bien, “si la IA comienza a desplazar empleo en sectores calificados, los instrumentos tradicionales, pensados para trabajadores manuales, podrían no ser suficientes”, concluye el informe.