Los recientes desastres climáticos en Chile, como el aluvión que afectó al sector oriente de Santiago o los temporales en diversas regiones del país asociados al fenómeno de El Niño, han puesto en la agenda la necesidad de contar con radares meteorológicos -Bolivia y Chile son los únicos países de Sudamérica que no cuentan con estos equipos- para detectar tempranamente estos eventos y anticiparse a las emergencias.
Tras el reciente aluvión en Las Condes, el Presidente José Antonio Kast habilitó el uso del 2% del presupuesto de la Región Metropolitana (RM) para emergencias, y el Comité para la Gestión del Riesgo de Desastres (Cogrid), que es parte del Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Sinapred), determinó que esos recursos se destinen a la compra de dos radares, lo que requiere la autorización del Gobierno Regional (GORE) de la RM, dado que son recursos del erario regional.
En tanto, el gobernador de la RM, Claudio Orrego, señaló que han manifestado su voluntad de evaluar esta iniciativa una vez que el “responsable de las emergencias en Chile, es decir, el Ministerio del Interior, defina una política para todo el país y comprometa recursos del Estado central antes de que los gobiernos regionales nos pronunciemos por separado”.
Agregó que “si el gobierno, a través de su delegado (presidencial para la RM), quiere pedir recursos para una iniciativa, lo primero que corresponde es que defina que esa iniciativa es prioritaria y que le asigne recursos del presupuesto nacional para que nosotros podamos complementarlos, pero no reemplazarlos”.

Germán Codina, delegado presidencial de la RM. Allison Göhler, meteoróloga de Chilevisión. Jorge Arévalo, universidad de Valparaíso. Fotos: Aton y Archivo
Anticipar eventos
Los radares meteorológicos, a través de la emisión de ondas electromagnéticas, pueden estimar la ubicación e intensidad de las precipitaciones, anticipar la formación de tornados y observar la estructura de las tormentas en 3D.
Estos equipos se clasifican según su longitud de onda. El delegado presidencial de la RM, Germán Codina, señaló por escrito a DF que el radar prioritario para la región sería el de banda C, de doble polarización -tecnología que emplea ondas horizontales y verticales para caracterizar las precipitaciones-, con un radio de hasta 240 kilómetros.
“Esto permitiría medir las características de las precipitaciones y la velocidad radial del viento, asegurando una cobertura territorial amplia sobre los valles y cordilleras circundantes”, comentó Codina.
Según el delegado, estos equipos facilitarán pasar de “una respuesta reactiva” a una capacidad predictiva de nowcasting, un pronóstico “a muy corto plazo”, de cero a tres horas.
Por ejemplo, se podrá medir la intensidad, la composición y la velocidad de desplazamiento de las tormentas antes de que impacten en zonas urbanas o precordilleranas, para activar evacuaciones, mejorar la toma de decisiones y reducir la incertidumbre técnica.
Indicó que la operación de los radares quedará en manos de la Dirección Meteorológica de Chile y la DGAC, coordinadas con el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred). En tanto, una plataforma interoperable compartirá los datos recopilados en tiempo real para apoyar alertas y planes de emergencia comunales.
Codina señaló que están impulsando la asignación de recursos y definición de plazos para adquirir nuevas tecnologías, con el objetivo de consolidar estos sistemas “como un estándar permanente de prevención y gestión de riesgo”.
Radares y datos
La meteoróloga de Chilevisión, Allison Göhler, advirtió que la red de alertas es “muy débil” y que las estaciones meteorológicas tienen cobertura insuficiente en varias zonas del país. Explicó que, por ejemplo, los pronósticos de tormentas eléctricas abarcan extensos territorios, y los radares posibilitarían precisar “dónde ocurrirán, a qué hora y cuándo terminan”.
Estos sistemas podrían alertar de lluvias intensas con 15 o 30 minutos de anticipación, dando tiempo a la población para “decidir qué hacer”. Propuso priorizar su instalación en zonas “demográficamente más pobladas” y estimó que Chile necesitaría “al menos 10 radares”. Añadió que el valor de importación de cada equipo varía “entre $ 500 millones y $ 1.500 millones”, y que su mantención “equivale a un 10% de su costo”.
Subrayó que, además del dispositivo, se necesita capacitar a técnicos y meteorólogos, contar con computadores con “varios núcleos de procesamiento” y especialistas que ayuden a visualizar las imágenes “con la mejor calidad” para que los meteorólogos puedan interpretarlas.
Por otro lado, la Universidad de Valparaíso lidera un proyecto del Fondo de Equipamiento Científico y Tecnológico (Fondequip) Mayor, junto a cinco instituciones socias, para adquirir un radar móvil de banda C, que llegaría antes del invierno de 2027.
El líder de la iniciativa y académico del Departamento de Meteorología de la Universidad de Valparaíso, Jorge Arévalo, dijo que este tipo de radar permitiría investigar tormentas, tornados y su interacción con la geografía nacional en distintas regiones. Sin embargo, enfatizó que “un radar es observación, no una herramienta de pronóstico”, y que para generar capacidades de alerta se necesitan desarrollar protocolos y realizar investigación científica.
Señaló que también se requiere capacidad de cómputo, almacenamiento y especialistas para procesar los datos, y que el proyecto universitario contempla la compra de unidades de procesamiento gráfico (GPU) y “mucho almacenamiento”.
Por último, el académico llamó a fortalecer la colaboración entre universidades y servicios meteorológicos para incorporar avances científicos a los sistemas de pronóstico y alerta.