El mercado laboral chileno necesita una reforma integral
Por Jorge Arredondo, Socio del Grupo Laboral de AZ
El mercado laboral chileno enfrenta una situación que no debería tratarse con normalidad. Los niveles actuales de cesantía recuerdan los registros de la pandemia y conviven con un aumento de la informalidad y con cifras preocupantes de desempleo femenino. Estamos frente a una urgencia y es necesario desplegar una serie de baterías de medidas que tiendan a reducir el desempleo.
Sin embargo, una sola reforma no es solución suficiente. Al contrario, el problema exige un conjunto de instrumentos. Por ejemplo, la sala cuna universal puede ayudar, especialmente frente a las barreras que afectan la participación laboral femenina, pero no es la panacea ni resolverá por sí sola los problemas de desempleo o informalidad.
La regulación laboral debe adecuarse mejor a los estándares y ciclos de ciertas industrias. Por eso propuestas como el contrato por horas o la ampliación de márgenes de distribución de jornada pueden ser medidas positivas, siempre que respondan a necesidades productivas reales y se diseñen dentro del marco institucional correspondiente.
La misma lógica aplica al debate sobre jornadas con ciclos más amplios. Podría discutirse una distribución que no esté limitada únicamente a períodos de cuatro semanas, sino que contemple márgenes semestrales o incluso anuales.
En el caso de la Ley de 40 Horas, cualquier cambio sustantivo debe pasar por el Congreso Nacional. Modificar por decreto una política pública de esta magnitud equivaldría a pasar por alto la institucionalidad democrática.
Causales vigentes
Respecto al actual régimen de término del contrato, el debate público se ha concentrado demasiado en la indemnización, cuando el problema de fondo podría estar en el sistema completo de causales. Más que el régimen indemnizatorio, Chile debiese cuestionarse el sistema de causales de terminación del contrato, ya que no obedece a la realidad actual.
En 2001 se eliminó de la legislación chilena la causal de despido por falta de adecuación técnica. Desde entonces, no existe una causal que atienda de manera directa situaciones de desempeño, performance o mala cualificación profesional. Esa ausencia genera un efecto práctico relevante. Muchas compañías recurren a la causal de necesidades de la empresa para abordar problemas que no necesariamente corresponden a esa figura. Pero esa causal fue diseñada para motivos de organización empresarial o factores externos a la prestación de servicios, no para evaluar desempeño individual.
Cuando se usa para fines distintos, suele no cumplir el estándar exigido por la ley y termina aumentando la judicialización. Si existiera una causal más adecuada para cuestiones de cualificación o desempeño, muchas controversias podrían ordenarse mejor y evitar llegar a tribunales.
El trabajo del futuro no puede discutirse únicamente desde la estabilidad de las normas actuales ni desde la urgencia económica. Requiere actualizar instituciones, revisar causales que ya no responden a la realidad productiva, mejorar procedimientos y fortalecer certezas jurídicas, pero sin saltarse la deliberación democrática que legitima las reformas laborales.