El mundo se encamina aceleradamente hacia un aumento de la temperatura global de 2,8 °C a largo plazo, de mantenerse las actuales políticas gubernamentales, según revela el último informe de Naciones Unidas, que destaca a Estados Unidos entre las economías desarrolladas por el fuerte incremento de sus emisiones relacionadas con la energía.
Bajo las políticas del Presidente Donald Trump, el repunte de la generación eléctrica a carbón para satisfacer la creciente demanda de electricidad en Estados Unidos impulsó el aumento de las emisiones, que habían mostrado una tendencia predominantemente descendente durante la última década. Las emisiones también aumentaron en Indonesia y China, pero disminuyeron en India y la Unión Europea.
El informe de la ONU confirmó que ya no existe ninguna posibilidad de evitar que el calentamiento global supere los 1,5 °C respecto de los niveles preindustriales, el límite inferior establecido en el Acuerdo de París de 2015, suscrito por casi 200 países.
Sin embargo, el documento plantea un escenario en el que es posible minimizar el denominado sobrepaso de ese umbral e incluso revertirlo hacia finales de siglo.
“Hemos postergado la acción climática y, en consecuencia, estamos diciendo que esta ventana se ha cerrado, pero podemos volver a abrirla”, afirmó Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
“Esta es la única manera de regresar a una realidad que todavía sea, en gran medida, manejable”, agregó.
Para conseguir que el aumento de la temperatura vuelva a situarse por debajo de 1,5 °C sería necesario reducir las emisiones un 45% para 2035, según el informe. Esta meta triplica las reducciones de entre 11% y 15% contempladas para ese mismo período en los actuales planes climáticos nacionales de los países.
También sería necesario aumentar la eliminación permanente de CO₂ mediante técnicas que enfrentan importantes “desafíos socioeconómicos y tecnológicos”, señaló el documento.
El año pasado, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero disminuyeron en 0,1 gigatoneladas respecto de 2024, según los datos más recientes, gracias en parte a una ligera reducción de las emisiones procedentes de incendios forestales durante ese período. Sin embargo, la variación no fue sostenida ni suficientemente significativa como para afirmar que las emisiones han comenzado una tendencia descendente de largo plazo o que siquiera se han estabilizado.
Las emisiones procedentes de la quema de combustibles fósiles aumentaron el año pasado aproximadamente al mismo ritmo que durante la última década.
Tras la decisión de Estados Unidos de abandonar el Acuerdo de París, los nuevos objetivos climáticos nacionales presentados desde el año pasado tuvieron un impacto “cercano a cero” sobre las emisiones y el calentamiento previstos, señaló la ONU.
El planeta se encamina hacia un calentamiento de 2,8 °C con las políticas gubernamentales actuales; de 2,7 °C si los países cumplen los compromisos incondicionales incluidos en sus planes climáticos más recientes; y de 2,6 °C si también se implementan aquellos compromisos sujetos a la obtención de apoyo financiero.
Las perspectivas bajo las políticas gubernamentales vigentes no cambiaron respecto del informe anterior de Naciones Unidas, pero las proyecciones de aumento de la temperatura basadas en los compromisos condicionales e incondicionales empeoraron.
En una señal más alentadora, la ONU destacó que la capacidad de generación eléctrica renovable y la expansión de las instalaciones de paneles solares han crecido mucho más rápido de lo que se esperaba cuando se firmó el Acuerdo de París.
“Cada año de retraso hace que el camino de regreso sea más difícil”, afirmó el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres. “Superar el umbral no significa rendirse; todavía podemos mantener ese exceso en niveles reducidos”.