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BCI
La paradoja del cobre: Precio récord, producción estancada
Isidora Undurraga. Economista Bci Estudios
El precio del cobre ha vuelto a tocar máximos históricos. Sin embargo, en nuestra economía —donde el metal explica un 10% del PIB y el 50% de las exportaciones de bienes— no se ha sentido el impacto positivo. Mientras el mundo vive una revolución tecnológica, la minería nacional lleva más de dos décadas dándole vueltas a los mismos yacimientos. Cuando se habla de inversión, se oye principalmente “extensión de vida útil”, incluso en faenas con más de 100 años de historia.
Cifras de Cochilco revelan que en 2004 Chile produjo 5,41 millones de toneladas, mientras que en 2025 la cifra fue de 5,38 millones, registrando 21 años de estancamiento productivo. El caso más complejo es el de Codelco, cuya producción cayó un 25% en la última década, evidenciando que las inversiones no han alcanzado para compensar el agotamiento de sus faenas. La paradoja es que, según S&P Global, la demanda de cobre crecerá un 50% al 2040, impulsada por la IA y la transición energética. Chile posee las mayores reservas de cobre, pero se encuentra imposibilitado de responder a este shock de demanda por una trampa de incentivos.
De acuerdo con Cochilco, un 81% de la cartera de inversión minera en Chile corresponde a proyectos brownfield y solo un 19% a greenfield. Esto no responde a falta de interés, sino, entre otras cosas, al muro de la “permisología”. Hoy, la tramitación de un Estudio de Impacto Ambiental Minero tarda incluso más de 1.000 días en promedio. No se discute que estos resguardos ambientales sean necesarios. El problema no es el filtro, sino el plazo. Ese plazo, además, tiene un efecto de selección, el 78,9% de la exploración en Chile la concentran las grandes mineras, que buscan dentro de sus propios yacimientos, mientras las mineras juniors —las verdaderas descubridoras— representan apenas un 15,5%, muy por debajo de Canadá y Australia, donde representan cerca de un 50%.
Así, frente al riesgo de destinar años a la tramitación y millones en papeleo para que un proyecto sea rechazado, las empresas toman la decisión racional de irse por el camino de menor riesgo y extender la vida de lo que ya existe. El problema es que esa estrategia nos deja atrapados con leyes de mineral a la baja. La consecuencia es que pasamos de producir el 35% del cobre mundial en los 2000 a solo un 23% hoy. Si no agilizamos permisos, destrabamos e incentivamos la exploración real, seguiremos viendo los récords del cobre en la prensa sin que vuelva a brillar la economía chilena.
