El mercado brasileño había apostado por un resultado electoral que nunca llegó. Tras la primera vuelta, los inversionistas daban prácticamente por descontada una victoria de Flávio Bolsonaro. Pero las urnas terminaron entregándole un cuarto mandato a Luiz Inácio Lula da Silva, y el Bovespa corrigió a la baja con fuerza el rally que había acumulado.
Para el gerente de renta fija de mbiQ, Guillermo Kautz, la palabra que mejor describió la reacción fue “sorpresa”. Sin embargo, advirtió que, más allá del resultado, el diagnóstico de fondo permanece intacto.
“El problema fiscal de Brasil es un problema de difícil solución para cualquier presidente. Probablemente, el mercado le daba una intención mayor de poder ejecutar un ajuste más fuerte a la derecha que al Partido de los Trabajadores, pero el problema sigue siendo el mismo", sostuvo en conversación con DF.
Las cifras explicaron parte de esa preocupación, en un contexto donde Brasil arrastra un déficit fiscal al 8% el PIB.
Para el experto en deuda, el cambio de expectativas se reflejó con intensidad en las tasas de interés. Antes de los comicios, el mercado anticipaba que la tasa de interés brasileña, entonces en 13,75%, bajaría a 12% en el siguiente año. Tras la victoria de Lula, dijo que esa proyección saltó a 15%.
"Una tasa tan alta te limita el crecimiento, te limita la inversión, ahoga las empresas que tienen pasivos en moneda local”, explicó.
En la deuda corporativa, en cambio, el golpe fue más contenido. Por ejemplo, el spread del bono a 10 años de Petrobras, que había alcanzado un mínimo de 180 puntos base antes de la segunda vuelta, rebotó hasta 207 puntos tras las elecciones. En ese sentido, el ejecutivo explicó que los grandes emisores brasileños mantenían balances sólidos y, en muchos casos, ingresos en dólares, lo que había amortiguado el impacto.
Pero ¿había dejado la corrección una oportunidad para comprar deuda brasileña?: “Yo no la veo hoy día”, respondió.
A su juicio, el ajuste no había sido suficiente para justificar una mayor exposición, especialmente en la curva en dólares, la que pueden acceder los inversionistas desde Chile.
Cinco años y en UF
En el ámbito local, Kautz enfatizó que el mercado ya incorporaba al menos dos alzas de la tasa de política monetaria en Chile durante los próximos 12 meses, pese a la debilidad de la actividad económica. En ese contexto, destacó el atractivo de los bonos corporativos en UF: “La renta fija en Chile genera un seguro, que es el devengo de la UF en el escenario malo. Cuando las expectativas de inflación caen, hay una holgura para el Banco Central para pensar en una baja de tasas”.
Sin embargo, ese escenario abrió una oportunidad para reposicionar las carteras de renta fija.
"Nosotros veníamos con una visión de duraciones cortas durante el primer semestre y una parte importante del tercer trimestre. La principal razón era que no había pendiente en la curva y, por lo tanto, no existía un mejor retorno por aumentar el riesgo de duración de los portafolios. Eso cambió", dijo.
La gestora comenzó así a favorecer una combinación de bonos corporativos en UF y duraciones que podían acercarse a los cinco años. “La renta fija chilena ha sido, yo diría, que un refugio ante la volatilidad de los escenarios internacionales”, afirmó.
Con todo, el ejecutivo destacó la reactivación del mercado de bonos corporativos, particularmente el regreso de constructoras como Ingevec, Echeverría Izquierdo, Salfacorp y Besalco, que habían permanecido alejadas de las emisiones durante varios años.