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Conexión a China | Una estrategia chilena para La Franja y la Ruta

Andrés Bórquez Doctor en Políticas Internacionales, Universidad de Fudan; Coordinador Programa de Estudios Chinos, Instituto de Estudios Internacionales, U. de Chile

Por: Andrés Bórquez | Publicado: Martes 4 de febrero de 2020 a las 04:00 hrs.
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Andrés Bórquez

Los presidentes Michelle Bachelet y Sebastián Piñera participaron en el primer y segundo Foro de La Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional en Beijing en 2016 y 2019, respectivamente. Chile ha sido uno de los primeros países de América Latina en manifestarse abiertamente a favor de sumarse a esta iniciativa, destacando las oportunidades que representa, principalmente considerando las ventajas comparativas para posicionarse como plataforma de servicios logísticos, financieros y de alimentos.

Pero más allá del optimismo inicial, en la práctica se han concretado escasas acciones y aún falta precisar una potencial estrategia nacional de respuesta hacia esta iniciativa.

En primer lugar, es importante repasar qué es la Iniciativa la Franja y la Ruta. Anunciada en 2013 por el Presidente Xi Jinping, busca fortalecer la conectividad de China a nivel internacional, combinando proyectos en marcha con el desarrollo de nuevos proyectos de infraestructura física y digital (también la conectividad política e interpersonal). Según datos oficiales, 125 naciones han firmado algún documento de cooperación y se estima que esta iniciativa financia proyectos alrededor del mundo evaluados en un billón (millón de millones) de dólares.

En segundo lugar, dado que lo medular de la estrategia china es fortalecer la conectividad, la Franja se alinea con las aspiraciones de Chile de posicionarse como la puerta de entrada de Asia a América Latina. En esta configuración, nuestro país puede seguir impulsando los niveles de cooperación jugando un rol de plataforma multimodal, en la que se articulen proyectos tanto a nivel físico como digitales y que busquen ser parte de la cadena de suministro global: por ejemplo, potenciar un puerto chileno como plataforma logística para el envío de alimentos adaptados al mercado asiático; proyectos de infraestructura como corredores bioceánicos y transporte en base a trenes para potenciar las ventajas logísticas; o concretar el cable óptico submarino entre Asia y Chile.

En tercer lugar, hay que poner atención en las implicaciones que puede conllevar participar o no en esta iniciativa. Analistas occidentales resaltan que esta ruta conlleva ambiciones geoestratégicas chinas que podrían enajenar la cooperación de parte de la región, y tienden a ver a la nación oriental como causante de tensiones internacionales, como el impacto de la guerra comercial.

Sin embargo, gran parte de las naciones latinoamericanas ven a la Franja como una oportunidad para diversificar las fuentes de financiamiento y cooperación. En esta línea, nuestro país debe priorizar está iniciativa como un mecanismo de integración basado en economías abiertas y complementarias, evitando entrar en un juego de coaliciones tácticas que derive en una futura división entre alianzas.

Chile debe discutir una estrategia sobre su rol en la “Nueva Ruta de la Seda China”, como han hecho naciones como Singapur y Nueva Zelanda, que han establecido compromisos en base a sus fortalezas y necesidades de desarrollo.

 

English version

 

A Chilean strategy for the Belt and Road

Presidents Michelle Bachelet and Sebastián Piñera participated in both the first and second "Belt and Road International Cooperation Forums" in Beijing, in 2016 and 2019. Chile was among the first countries in Latin America to openly voice its vsupport for this Chinese initiative, highlighting the opportunities it presents, specially considering Chile's comparative advantages to become a regional hub for logistics, financial and food services.

Yet despite the initial optimism, there have in practice been very few advances, and a Chilean national strategy regarding the Belt and Road Iniciative (BRI) has yet to be formulated.

First, it is important to take stock of what the BRI really is. It was announced in 2013 by President Xi Jinping and it seeks to strengthen China's global connectivity, combining ongoing projects with new physical and digital infrastructure projects (including political and personal connectivity). According to official data, 125 countries have signed some form of cooperation greement and it is estimated that the BRI initiative finances projects worth one trillion dollars around the world.

Secondly, given that the core of China's strategy is to strengthen connectivity, BRi's objectives are in line with Chile's goal to become Asia's gateway to Latin America. In this configuration, our country can push cooperation levels higher by acting as a multimodal platform, in which both physical and digital projects can develop and be part of the global supply chain: for example, by promoting a Chilean port as a logistics hub for shippping foodstuffs adapted to the Asian market; infrastructure projects, such as bioceanic corridors and train-based transport, to enhance logistical advantages; or laying an underwater optical cable between Asia and Chile.

Third, we must be aware of the implications of participating (or not) in the BRI initiative. Western analysts point out that BRI entails Chinese geostrategic ambitions that could alienate the cooperation from at least part of the region, and they tend to see the asian giant as a source of international tensions, such as those of the trade war.

That being said, most Latin American countries see the BRI as an opportunity to diversify their sources of financing and cooperation. Accordingly, Chile must prioritize this initiative as an integration mechanism based on open and complementary economies, and we should avoid playing a game of tactical alliances that would ultimately lead to future clashes among its members.

Chile must formulate a strategy regarding its role in this "New Chinese Silk Road", following the example of countries like Singapore and New Zealand, which have agreed to participate in the BRI based on the basis of their economic strengths and their development needs.

Andrés Bórquez
PhD. in International Policy, Fudan University; coordinator of the Chinese Studies Programat the Institute of International Studies, University of Chile.

 

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